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sábado, 7 de marzo de 2026

Vivo, coleando y mas canoso

​¿Ha pasado mucho tiempo, verdad?

Tal vez muchos de ustedes ya me siguen en mis otras redes y tienen una noción de lo que ha acontecido en mi vida, pero para los que no, aquí va un resumen:

-Ya tenemos un año y medio de haber acogido a nuestra hija adoptiva, y seguimos pendientes de nuestro juicio de adopción por las idioteces burocráticas del estado en el que la conocimos.

-Ya logramos avances en cuanto a la materia afectiva y el sentimiento de pertenencia, pero la gestión de la ira, el retraso de lenguaje y la tolerancia a la frustración siguen siendo puntos a trabajar.

-He tenido algunos desencuentros con mi familia de origen, pero parece que por fin hemos podido resolverlos y la convivencia se ha vuelto armoniosa ahora que vivimos todos una nueva etapa de familia en expansión.

-Mis gatas siguen siendo gordas, caóticas y adorables a pesar de los años. Son nuestra vida.

-El trabajo se ha vuelto una fuente no solo de dinero, sino de fortaleza para mí. Me siento validado por mis jefes, compañeros y pacientes a pesar de los problemas típicos de mi medio, y sinceramente los problemas que enfrento como papá hace ver como niñerías mis broncas de hace años.

-Pronto cumpliremos diez años de matrimonio, y a pesar de que somos actualmente politeístas, estamos comenzando a considerar seriamente formalizarnos ante la Iglesia para simplificarle a nuestra niña su cosmovisión antes de abrirle las puertas a otras alternativas. Lo que menos queremos es que cualquier sectario o fundamentalista de mierda le lave el coco a falta de una postura espiritual clara.

-En recientes fechas hemos descubierto a través de los profesionales de la salud mental correspondientes que cada quien padecemos de algún tipo y grado de neurodivergencia, lo cual ya da algo de sentido a mucho de lo que he ido documentando con los años en este y otros blogs.


No se parece esto nada a mi viejo estilo, pero me comprenderán que a estas alturas de mi vida el tiempo se ha vuelto un lujo, y mi prosa hoy día es la última de mis preocupaciones.



¿Y ustedes que han hecho estos casi dos años?

sábado, 8 de agosto de 2020

Hoy lo intenté. De verdad lo intenté. Quise enfocarme en solucionar problemas, en ser pragmático, en solo formular diagnósticos y dar tratamientos, pero no pude.
Me tratan de contar historias largas y pendejas cuando pregunto por síntomas concretos, me dan diagnósticos absurdos formulados por la comadre o sus imaginaciones hiperactivas, me dicen al final de la consulta que tienen otro padecimiento totalmente omitido por ellos cuando les hago el interrogatorio, se les olvidan sus malditas contrarreferencias y así me vienen a exigir recetas, me reclaman que no les dí un fármaco y resulta que ni siquiera leen las putas recetas para darse cuenta que el error fue de farmacia, no pueden ni decirme qué medicamentos se toman ni a qué dosis, se desesperan si hago preguntas como mi pinche trabajo me lo manda, no obedecen indicaciones, no prestan atención a nada que uno dice, mienten para no quedar como unos peores valemadres, me hacen caras si me tardo unos minutos más porque el otro lo necesita o su puta receta es larga, y encima se sorprenden de que me hagan enojar o exprese en mi rostro desesperanza al ver que todos mis esfuerzos caen en saco roto.
Creen que mi ira y frustración vienen de casa, cuando allá me cura el amor de mi esposa y me regodeo en mi cama con mis gatos cariñosos. Es en realidad el hastío de lidiar diario con gente con poco sentido común e instinto de autopreservación el que me hace desear morir en esos momentos.

De verdad siento que algo en mí se muere cada día que voy al trabajo, cuando antes en este blog dejé testimonios de alegrías y satisfacciones en el ejercicio de la profesión.


Simplemente odio estar a disposición de los pendejos.

sábado, 25 de julio de 2020

Mis sentimientos son míos

Desde que me enrolé a mi sitio de trabajo actual, en los cursos de adherencia a las normas y conducta mencionan mucho que es común que tratar diario con todo tipo de gente puede generar situaciones como la descrita anoche, y sin embargo dejan muy pocos recursos para lidiar con ello.
Estando conciente que no es lo mejor dejarme llevar por las emociones negativas, y que la gente irremediablemente va a cagarla siempre como lo han hecho por milenios, he buscado además de terapia, otros métodos para el manejo de la ira.
Lo más recurrente con lo que me he topado, es la racionalización de ésta y su génesis: la ira no la originan los actos de las personas o sus palabras, sino la interpretación que yo elijo darles, y la forma en la que externo los sentimientos es pura obra y gracia mía, y de mí depende cómo la canalizo. 
Así, he optado por no ocultar mi frustración, pero opto por emplear las palabras correctas para minimizar el daño, emplear el tono de voz menos agresivo posible y asumir totalmente la responsabilidad de éstas al explicar por qué me enojo, por qué me desespero y por qué necesito que respondan a mis preguntas y cooperen con las maniobras de exploración que debemos hacer en un tiempo muy limitado. Al final, cierro con una disculpa por las molestias, malentendidos o roces, prometiendo que ya con la información que me proporcionaron las siguientes consultas serán más llevaderas y directas.
También procuro hacer cambios agradables al consultorio que me distraigan un poco de esos malos ratos, impregnando el ambiente de incienso de varios aromas (con la habitación bien ventilada, no quiero ataques de asma en mis pacientes), y pequeñas decoraciones con motivos de gato que me evoquen a mis pequeñitas en casa.
Y ya como recurso final, un mantra muy que redacté hace meses que me sirve de recordatorio de que la gente acude a mí sin saber qué hacer, que es común que no sepan ni cómo explicarme qué tienen, que es típico que empeoren el problema tratando de resolverlo solos, que es mi labor guiarlos hacia otro camino, las elecciones buenas o malas que tomen no deben de importarme, y que debo enfocarme en terminar el trabajo y volver a casa con mi familia, por quienes procuro dar lo mejor de mí.

No soy un ser de luz, soy imperfecto. Pero no quiero que eso sea un obstáculo para que sea una mejor persona cada día y que alcance la anhelada paz mental sin hacer daño a nadie.

Vómito Mental

Jamás me he considerado a mí mismo un modelo a seguir: tengo muy mal genio desde hace tanto tiempo que aprendí a aceptarlo como parte integral de mi persona, sé que eso a lo largo de toda mi vida me ha metido en problemas, me ha ganado enemigos, me ha dificultado hacerme de amigos y que en general la gente tiende a evitarme con tal de no verme la cara o tener que fingir que me traga por pura convención social. Sin embargo, también he aprendido a contener todo ese veneno con silencio bajo el entendido de que no quiero ser una molestia para nadie por pura consideración a los demás.
Estaba haciendo un trabajo espléndido disfrutando de la vida, de las nuevas etapas que vivo en mi nuevo hogar con mi recién formada familia, cuando de repente ir a mi sitio de trabajo se convierte en la nueva puerta por la cual la ira se asoma a saludar. Antes podía escuchar pacientemente a una señora de barrio contarme toda su historia de hasta 15 años atrás que no tiene nada qué ver con su padecimiento actual, y ahora desde el momento que contestan con alguna burrrada que no sea la respuesta a 'Buenas tardes, ¿cuál es el motivo de su consulta hoy?' me obliga a tornarme en un inquisidor amenazante para sacar la información mínima de manera agresiva para establecer un diagnóstico, pronóstico y tratamiento, hacer en friega una receta y órdenes para estudios, explicar en menos de 2 minutos el plan a seguir, y sacarla del consultorio para ver al que sigue con tal de no salir minutos o hasta una hora más tarde de mi horario de salida por culpa de divagaciones pendejas en sus cabezas.
Cada día que pasa se repite la misma historia, habiendo muy contados casos de gente que a la primera me dice lo que necesito saber o que su problema es tan serio que me obliga a bajarle al ritmo de trabajo, hacer un par de llamadas telefónicas rápidas a mis jefes, y armar una nota que se enfoque en tratamiento, documentación y preparación para un envío a segundo nivel.
Algunas veces también me topo con gente que sí me toca el corazón, me hace reír, me hace llorar o al menos me inspira confianza de compartirle algo de mi vida personal, pero esos pacientes son cada vez menos frecuentes, abundando más personas que mandan al diablo su tratamiento, se automedican a lo bestia, me comentan una fake news sobre la conspiración de la OMS esperando que les dé la razón, siguen un remedio buenísimo de la pinche comadre, dejan a sus niños enfermos medio mes y esperan que les resuelva el tremendo cagadero que hicieron, o me traen una historia inverosímil de cómo cargando una caja de 3 Kg en su trabajo hace una semana se herniaron la columna y necesitan como mínimo a su criterio un mes de reposo.

Me encanta ser médico, en verdad, y me gusta saber que le ayudo a la gente...pero simplemente no puedo ocultar mi disgusto al toparme con otro más del montón que sólo me hace cuestionar por qué la pandemia no se ha llevado a estos prófugos del ácido fólico o como mínimo a mí.

miércoles, 21 de agosto de 2019

Mil años después...

Ayer me nació dejar un comentario en el blog del respetable Profesor Luis Azpe Pico en una entrada dedicada a sus tan célebres lecciones de etimología grecorromanas, y tras dos años de haber dejado mi último texto en esta vieja bitácora, releí el blog y recordé cuánto me llenaba dedicar unos minutos a una reflexión muy personal y extensa de algún evento en mi vida.

Claro: en Twitter mis ideas llegan más rápido al público, y en Facebook hoy día el intercambio de opiniones es más álgido...pero ninguna de las dos es íntima. Eso era lo que amaba de Blogger, pues era el equivalente de un diario o carta que por azares del destino llegaban a posar ojos distintos a los míos con mi consentimiento y de donde podía nacer una afinidad temática, estilística o directa a mi persona. Y gracias a ese mismo medio hice amigos muy queridos que me han visto crecer desde mis primeros años de universitario hasta mi nueva etapa como esposo y médico especialista.

Pero, ¿qué puedo compartirles en esta época donde en otros lares pueden dar hasta con una foto mía siendo acosado por mis gatas en paños menores a las 11 de la mañana?, ¿qué ideas puedo plasmar en la era de las batallas campales de twits y piolinazos?, ¿me quejaría todos los días de los largas que son las jornadas de consulta externa viendo pasar por mi escritorio señoras cuyas rodillas ya no las aguantan?

Esas fueron las interrogantes que me detuvieron, además de los inconvenientes de funcionalidad de mi tablet y laptop, mi creciente cronopenia que padezco como buen treintón que ya soy, y los cambios vertiginosos que ha tenido vida desde nuestro último intercambio.

Así que, ahí les va una breve reseña.

-En el verano de 2017 me fui de Torreón, Coahuila a hacer mi servicio social de la especialidad a un hermoso pueblo costeño de Tamaulipas por un semestre. Ahí experimenté por primera vez la responsabilidad de ser un médico a la cabeza de un equipo multidisciplinario, la eterna bronca de la falta de recursos, y tener que arreglármelas solo a mitad de la noche con equipo y espacio limitado con urgencias que me rechazan el traslado muy comodamente a kilómetros de distancia en un hospital de ciudad.

-Terminando el servicio, en la primavera del 2018 me mudé al Estado de Chihuahua con mi esposa, dejando a mis padres, hermanos, familia, al Negrito cara wey y amigos de toda la vida en Torreón. Desde entonces han sido contadas las veces que he podido regresar a casa, aprendí a amar una tierra ajena y a terminar mi transformación en adulto funcional al endeudarme por 20 años con una casa y tener qué dividir mi tiempo y quincenas en base a la puta necesidad.

-Desde la Navidad de 2018 nuestro auto 2004 ha sufrido múltiples descomposturas que junto con la inestabilidad laboral de mi mujer nos ha golpeado muy duro en nuestra economía. Aquí es donde inauguro una nueva sección del blog llamada 'Stratus from Hell'.

-Por fin hicimos nuestro sueño realidad, y somos los felices dueños de tres gatas: Calígula, Claudia y Cybel de 5 años, 1 año y 8 meses respectivamente. Tristemente perdimos a dos bebés rescatados a los que con mucho amor llamamos Rómulo y Remo, y descansan en paz en el patio de la casa que rentamos en nuestro primer año de mudanza.

-De momento, nuestro proyecto de convertirnos en padres biológicos está en pausa. Tentativamente lo retomaremos en 2020.

-En este momento estoy en una sala de espera afuera de un quirófano esperando noticias de mi suegro junto a Lucerita Asíntota (nada grave, no se preocupen). Tenemos muchísima hambre.

¿Y qué pasará ahora? Bueh, tal vez no puedo hacer mucho trabajo de edición desde el celular, pero a la mierda: NECESITO volver a escribir para nadie.
Así que ps me tienen de vuelta.
En cuanto tenga chansa quitaré mis adornos chairos del templete, rediseñaré el sitio y les compartiré mis otros espacios de escupidera.

Todavía hay mucho de qué hacer berrinche en esta vida jodida.

Saludos a todos.

martes, 22 de noviembre de 2016

Cultivando colores en invierno

Lo sé, soy un mal amigo y me reservo demasiado en los últimos meses lo que ha sido de mí. Pero créanme, no se han perdido de la gran cosa en estos tiempos de tumulto político y frío creciente, pues los libros, los desvelos y largas esperas por cada maldita quincena han sido mis grandes constantes.
Pero aquí les tengo la historia detrás de esta foto, que podría ser el símbolo perfecto de las cosas buenas en mi vida que me mantienen a flote.

Ojalá pronto pueda darles más buenas noticias. Los extraño a todos.

jueves, 16 de junio de 2016

¿Por qué habría de preocuparme?

Que el traje apenas me lo entregarán hoy, que las pasticetas apenas se elaborarán el lunes, que aún tenemos qué afinar los detalles de la ceremonia previa a la boda, que mi corofobia paralizante aún me impide practicar los pasos de baile animados de la fiesta, que hay qué medir bien mis gastos monetarios y consumo calórico para evitar imprevistos en la boda y la luna de miel, que revise mi correo para buscar reenvíos y confirmaciones, que si fulanito o fulanita nos ha cancelado su asistencia a pesar de su confirmación previa, que debo dejar lista mi maleta para el viaje a Chihuahua y aparte otra maleta en casa para nuestras mini vacaciones, que si no estoy nervioso por dar uno de los pasos más importantes de mi vida, que cómo serán nuestras finanzas una vez unidos en matrimonio, que cómo vamos a soportar seguir amándonos a distancia ya casados, que si ya hemos reconsiderado dónde viviremos juntos cuando ya no haya más interferencias entre nosotros, que si no pensamos encargar bebé durante nuestro primer año como marido y mujer, que sutana está sentida por no haber sido invitada, que esos zapatos que tengo no creen que sean los más cómodos para que los use esa noche...
La lista puede seguir y seguir, pero todas (salvo el traje, las finanzas y el baile) son preocupaciones ajenas. A pesar de todo ello, deseo que el tiempo pase más rápido y que por fin sea 25 de Junio. Pronto volveré a tenerla en mis brazos y comenzaremos a compensar todo ese tiempo que estuvimos ausentes en nuestras vidas.

Como siempre debió ser.

domingo, 10 de abril de 2016

¿Por qué tienes prisa por casarte?

A esta fecha, estoy a dos meses de contraer nupcias con mi novia de casi tres años y colega blogger a pesar de una historia complicada que nos precedió a ambos, mucho escepticismo de parte de nuestras familias y la pinche distancia. En más de una ocasión hicimos evidente nuestro deseo de formar juntos una familia y hace un año comenzamos a hacer un esfuerzo conjunto para ahorrar para el gran día, sin embargo no pensamos que algo nos esperaba este año 2016 que cambiaría nuestros planes...
Pero fue el 15 de Febrero del presente año, a escasas 24 horas que partí de Chihuahua a Torreón de una visita de rutina, que de forma repentina comenzó una disputa entre los padres de Ludym y nosotros. Los motivos de la pelea son tan ridículos que no elaboraré en ellos, pero quedó claro para mí en tres largos días que no era del agrado de mis anfitriones (y tal vez nunca lo seré), que era un desperdicio de tiempo actuar contra mis deseos y sentimientos con el afán de mantener a otros contentos, y que la vida es demasiado corta y méndiga para esperar pacientemente a que llegara el momento "correcto" para ser feliz y hacer lo que realmente anhelas.
Enmedio del drama, cuestionándome muchas desiciones buenas y malas hechas desde la niñez hasta ese día, tomé una decisión y con la bendición (llena de temor) de mis padres, declaré que este verano desposaría a mi prometida.
Desde entonces, muy frecuentemente escuchamos discursos contradictorios por parte de ambas familias acerca de su gusto por vernos avanzar como pareja, sus dudas sobre la validez de nuestra relación, sobre si hay o no una agenda oculta en una toma de decisión tan drástica, si estamos conscientes del peso del compromiso que estamos adquiriendo, advertencias sombrías sobre cómo tu cónyuge se puede convertir en tu peor enemigo, sobre lo bonito que será vernos formar una familia, sobre lo egoístas que somos al no pensar en los demás (¿?), que si estamos tratando de amarrar a uno, si el otro es el que nos está amarrando, si mi atuendo es el adecuado, si sus tradiciones regionales tienen sentido...no sería de sorprender que nuestras ocasionales disputas por los preparativos de la boda nos los reservamos para nosotros.
¿Adónde quiero llegar con esta confesión a medias? Tanto pleito y cuestionamiento en más de una ocasión ha hecho que me arranque de coraje cabellos de la cabeza y me pregunte si de verdad vale la pena ir contra la corriente...y siempre encuentro mi respuesta en sus ojos, en su sencillez y en lo feliz que soy siendo yo mismo con todo y mis imperfecciones junto a ella. 



No son las mariposas en el estómago, la promesa de pasión a puerta cerrada o las expectativas que la sociedad me impone sobre lo que es vivir correctamente. Simplemente aprendí a ser feliz al mismo tiempo que volvió a mi vida, deseo compartir esa felicidad con ella, y quiero hacerla tan feliz como ella me hace a mí siendo nosotros mismos. No necesito más razones para quererla a ella como mi esposa, y es por eso que vale la pena recordarnos mutuamente que los detalles de la boda son solo eso: detalles.

domingo, 19 de abril de 2015

Ponte de pie y pelea otra vez

Desde que iniciaron mis capacitaciones para la residencia tuve qué suspender mi gym y el sueldo de mi entrenador por tres meses debido a que los inicios iban a traerme un desbalance financiero. Creí que las cosas las podría mantener bajo control por mi cuenta mientras, pero la verdad es que con los desvelos, las tareas, moverme de un hospital a otro, y para colmo un pequeño accidente con el auto de mis padres (el auto fue lo único dañado, no se preocupen) no he podido cuidarme bien y ya estoy comenzando a notar una alza en mi peso.
Apenas esta semana me lancé a la caza de un nuevo gimnasio, debido a que el anterior francamente era un nido de cholos cuyo precio iba a la alza con una calidad cada día más deprimente. Por fin dí con dos que cobraban un poquito más, pero tenían mejores instalaciones y serían tolerantes con la presencia de mi coach. Ahora solo espero a quitarme de encima otro pendiente para por fin concentrarme de nuevo en mi bienestar físico.
Tal vez no he logrado bajar más de diez kilos estos tres años de ejercicio ininterrumpido con sus altas y bajas, pero al menos sí he logrado crearme una consciencia que me regaña cada que doy una consulta en mi estado actual, y que me advierte todos los días que mientras más tiempo deje pasar, más riesgo corro de dejar viuda a Ludym y huérfanos a mis hijos para cuando yo ronde los 40.


Y si continuo con el ritmo de ejercicio constante, puede ser que quizás logre que mis hijos no tengan qué transitar el mismo camino trocho que yo caminé. No puedo ni debo renunciar.


lunes, 30 de marzo de 2015

Té de menta para el vómito

Aunque el entusiasmo y las intenciones de aprovechar bien esta nueva oportunidad de mejorarme a mí mismo, me sorprende cómo en cosa de un mes mi rutina diaria se ha alterado por completo con tal de mantenerme en marcha. Regreso a casa y ya no siento deseo alguno por seguir con alguna otra tarea sin antes echarme una siesta de cuatro horas; despierto más ágil de mente, pero el tiempo una vez mas se me va y hay qué darle prioridad a las tareas y temas por estudiar por encima de un paseo breve en esa bicicleta a la que la pinche lluvia que ha estado yendo y viniendo no me la deja en paz con el fucking óxido. Y las guardias, las cochinas guardias en urgencias me dan fortaleza a la vez que me azotan con tanto movimiento y los sustos de cada vida en peligro.

Ludy vino hace una semana, y me iluminó la vida por unos hermosos pero fugaces dos días, el deseo de casarnos se vuelve cada día más fuerte y cuando menos lo pensamos ya estamos teniendo otra conversación sobre planes de boda para dentro de dos años. Pensamos en la lista de invitados, pensamos en el lugar, pensamos en el menú, pensamos en los malditos gastos que implicará dar una fiesta a un chingo de gente para tratar de darles gusto en vano en nuestro mejor día, pensamos en lo lejos que aún se siente  y de cuánto anhelamos contar con el amor y apoyo del otro en vivo a diario, aún a pesar de los malentendidos y la rutina que puede implicar, y de cuánto me gustaría encargar con ella un bebé desde la primera noche o tras el primer año. ¿Cuándo me animaré a decirle a mis papás que ya tenemos una fecha tentativa y que estamos comenzando a reservar parte de nuestros sueldos a ese fin?, ¿como siempre en todas mis decisiones importantes me cuestionarán si estoy seguro de lo que voy a hacer?, ¿me enojaré?.

Atrás se oye una fiesta pendeja de mocosos que obviamente ya salieron de vacaciones, no tienen por qué irse a dormir temprano y levantarse contra los mandatos del cuerpo a trabajar como burro de carga a cambio de poder adquisitivo (dulce, dulce poder adquisitivo sabor Droga-Cola Inc.). Oyen canciones actuales, de mi tiempo y del tiempo de mis papás, ¿qué coños es eso?, algo mejor que la basura de narcocorridos que acostumbran los otros mojones, eso sí he de admitir. ¿En qué me quedé?. ah sí:  mocosos idiotas con harto tiempo para desperdiciar sin preocupaciones de salud, incertidumbres del mañana o responsabilidades por las cuales deban dar la pinche cara.

No quiero salir ahora mismo de casa, no quiero ir al idiota hospital a buscar un médico de los pocos que se han dignado verme trabajar más de quince minutos para que con mano en cintura se dignen a imponerme números que le den un valor subjetivo a mis guardias y cooperación periódica en un servicio y unidad a la que no pertenezco ni soy del todo bienvenido. No pienso ir, a la verga iré a joder en otro momento, no ahora. Malditos cabrones que a sabiendas de que tienen gatos pendejos que les hagan la chamba a cambio de un título se largan a su casa a dormir hasta que reciben un fonazo de que alguien se nos está muriendo. Cabrones, cabrones, cabrones.



Hoy necesito despejarme, necesito mandar a la verga tantos miedos y corajes que se me han ido juntando. Tal vez necesito otra conversación sobre la boda. Aún tenemos que platicar de dónde nos iremos a vivir si nos casamos durante su especialización. No podemos comprar una casa sin un empleo fijo, así que tenemos qué pensar qué clase de departamento rentaremos.



lunes, 24 de noviembre de 2014

Depurar es lo mío

Apenas el día de hoy caí en la cuenta que contando ya con nuevo equipo de cómputo, mi problema de no contar con un lector de discos se había resuelto, y los miles de archivos que respaldé a lo largo de una década de mi vida en CD's por fin podría traspasarlos a mi unidad de disco externo.
Qué tarde-noche tan loca pasé el día de hoy revisando copia por copia tantos recuerdos de mi época de universitario: los trabajos, las presentaciones de Power Point, trabajos para ganar créditos extra, artículos de difusión, chingos de información que en ese entonces no podía siquiera comenzar a digerir, los videos que mis amistades y yo solíamos filmar con nuestros celulares rudimentarios de las pendejadas que se nos ocurrían en horas libres, las películas que entonces eran un poco más difíciles de adquirir digitalmente (aún le guardo mucho rencor al Kazaa y al Ares), y por supuesto que las fotos de amigos que se quedaron, amigos que se fueron, familiares que nunca más en la vida volveré a ver salvo en sueños, y el rostro de mi vieja cicatriz del corazón de quien había jurado haberme deshecho de todo recuerdo suyo en mi vida.
Todo viéndolo desde mi perspectiva actual, en conjunto era un pequeño plano de cómo cosas grandes y pequeñas por igual me fueron dando forma y que para bien o para mal me llevaron por caminos que me hicieron aprender duras lecciones sobre la vida. Afortunadamente hasta los recuerdos dolorosos se veían ya lejanos de mi persona, sin ninguna capacidad de volver a hacerme llorar o de hacerme sentir tan mal como en otros tiempos fué.

El día acabó conmigo rescatando lo que valía la pena rescatar, y dejando ir archivos corruptos, discos rayados y los recuerdos que de una u otra forma se tenían que ir.



Me siento en paz.

viernes, 31 de octubre de 2014

Hoy hice un viaje rápido a la capital para recoger un documento para todo mi trámite próximo. Por primera vez sentí las miradas de extrañeza y juicio de médicos más jóvenes al identificarme como un ex alumno de tres o cuatro generaciones arriba. Peor, escuché a uno murmurar.
Sabía que esto me iba a esperar, y es tan desagradable como lo imaginé.
Pero hoy, como tendré qué hacerlo en los próximos tres años, tuve qué repetirme a mí mismo en mis adentros que estoy dando este paso por mí mismo y no por caerle en gracia a nadie.

Opiniones de sobra, a final de cuentas.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Pinche vida Godínez

Haciendo las cuentas en mi cabeza el día de hoy, llevo un tiempo considerable inactivo en el blog. Alguna vez me lo hubiera reprochado, pero la verdad es que en este período transicional entre ser un médico empresarial que todos los días se sienta a esperar en un consultorio a que viajeros entren a un estudiante de postgrado de tiempo completo me ha tenido cautivo entre reportes, trámites, viajes y ahorro de capital, sin omitir también que mi vida social ha estado yendo en picada por cuestiones monetarias.
Mi vida en este momento es tan aburrida como una caja de clips y mis únicos consuelos son Ludy, el gimnasio, mis paseos dominicales con mi sobrino y esas escasísimas salidas sociales.
La cosa va a seguir así de monótona hasta que termine el año, por lo cual desde hoy advierto que si me viene a la mente algo digno de escribir, lo haré. Pero bajo la advertencia que esto será un evento raro, hasta que se cumpla el plazo marcado.

Mientras les dejaré una foto de mi hija malagradecida y enojona (como su padre) que tomé este fin de semana que visité a mi novia en su pueblo de servicio social. Los quiero (de verdad).




martes, 14 de octubre de 2014

Los pecados del padre

Este fin de semana una de mis mejores amigas contrajo matrimonio con su pareja de más de diez años, y su tiempo de permiso en el trabajo ha traído consigo un pequeño desajuste en nuestros formatos de estadística que he tenido qué darme a la tarea de poner al día durante mis tiempos muertos.
Creía que podría salir del área como máximo a las 10:30 de la noche, pero la cosa se prolongó hasta la 1:20; no podía soportar la idea de que al dejarlo todo inconcluso mis pendientes se terminarían duplicando al día siguiente, así que no era una opción irme a casa hasta que por fin terminara.
Mirando el reloj y viendo los mensajes de Ludy y mamá, me dí cuenta que un vez más adopté uno de los malos hábitos de mi padre que es quedarse hasta tarde de Godínez en la oficina dándole privilegio al trabajo sobre su propia vida. Tal vez exagero al pintarlo así, pues estoy perfectamente conciente que mi padre siempre ha dado todo de su ser para sacar a la familia adelante, pero sería un cretino de no darme cuenta que eso para nada es agradable y a la larga termina haciendo más mal que bien.

No me gustaría que por estar inmerso en mi carrera, la vida de mi amor, mis hijos y mis demás serer queridos se me vaya en un abrir y cerrar de ojos, para acabar haciendo berrinche el día que me de cuenta que ya ninguno es solo mío...

martes, 12 de agosto de 2014

Gustito

Tal vez aún estoy lejos de ser un cebador de yerbamate hecho y derecho, no tolero aún el sabor sin la ayuda de agua endulzada con Stevia, no puedo voltear bien la yerba cuando se lava, aún no puedo curar debidamente un porongo o de vez en cuando me sale corta o larga la bebida caliente, sin embargo desde que comencé a hacerme de éste hábito casual en horas de trabajo, tengo una pequeña satisfacción enmedio de tanta estupidez rutinaria y de paso me doy pequeños empujoncitos de cafeína para seguir con mis responsabilidades o estudios.

Y qué puedo decir:  amo que la yerba aguanta fácil tres litros de agua sin lavarse (quizás no soy tan mal cebador después de todo).



*Se aceptan consejos amistosos de los lectores hermanos del sur*

sábado, 12 de abril de 2014

En días feos como el de hoy, me gusta aferrarme mucho al hecho de aue hay más cosas buenas que malas en mi vida, y por mucho.
Y lo mejor de todo es que ya hace tiempo decidí dejar botado por ahí el equipaje extra que me estorbaba en el camino a la tranquilidad.

El día acabó en una nota más alegre, (gracias, Lu), y mañana será día de descanso y de renovaciones.

martes, 1 de abril de 2014

Cuando ni siquiera el café amargo y sin aditivos me puede salvar del cansancio y la desesperación ante mi carestía de tiempo, no queda más que respirar profundo, empacar, acostarme y planear paso por paso lo que sigue el día de mañana.

Sí, mañana quizás me irá mejor...

jueves, 27 de marzo de 2014

Máquinas

Ésta foto describiría perfectamente el desmadre que ha sido el día de hoy: llaves que se mueven de lugar, trenes cancelados, trenes asignados de última hora, trabajadores amontonándose afuera de mi consultorio apurándome al mismo tiempo que detecto anomalías en sus compañeros, la ausencia de mi bolsa de café recién molido, pagos, cursos, informes, e-mails, recetas por expedir, inscripción de examen, risas explosivas del ignorante feliz y nubes indecisas sobre si van a precipitar o a pedorrear tolvaneras en mi cara indiferente.
Ha sido una serie de eventos y factores sacados de una comedia barata de Ben Stiller del 2000.

Podría explotar y mandar lo que resta del día a la ñonga. Pero mi chiquita me espera para nuestra cita de todas las noches, podré fumar un cigarro, beber todo un litrote de mi Coffea arabiga con galletitas de coco para sopear, jugaré alguna pendejada en mis emuladores y me iré a dormir pensando en que mañana a huevo será un día mejor.

Tiene qué serlo, como otros días.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Admito que todos mis jefes hasta la fecha han tenido sus defectos que muy de vez en cuando me han saltado...pero mi jefa actual se pasa mal pedo: apenas el martes me vine a enterar que iba a dar una junta con la información que mis compañeras y yo hemos estado capturando por todo el mes y que todavía batallamos en integrar evitando redundancia de nombres y demás datos. Los conocedores quizás argumentarán que para eso existe la función de filtrado en Excel...pero no cuentan con que mi jefa y su equipo nos dieron un formato que claramente hizo el hijo de algún cooperador suyo que cursa la secundaria con faltas de ortografía imperdonables, combinaciones innecesarias de celdas y todo un despapaye que impide el copiado-pegado y el uso de filtros so pena de acabar descuadrando toda esa excusa de formato. Así, muy tensos y con una hora límite Janeth (quien por cierto también aparte de haberme recomendado, es una muy querida amiga desde tiempos de la Facultad y siempre hemos hecho muy buen equipo) y yo acordamos de reunirnos en la sala de mi casa para entre los dos ir dándole velocidad a la elaboración de gráficas, desglose, análisis y corrección casilla por casilla.
Apenas hace ya unos quince minutos que se fué resignada a que no podrá dormir nada (entra a las 6 a su turno) y yo aguantándome las ganas de mentarle la madre a la patrona por no haber sido clara, oportuna y concisa, sin mencionar que hasta la fecha ha sido increíblemente incompetente para dirigirnos a distancia desde el D.F.
Si ella queda mal me vale madres si se desquita con nosotros no renovándonos el contrato. Si lo que me espera son mes tras mes de estas jaladas yo no tengo deseos de seguir perteneciendo a un proyecto tan mal estructurado por parte de ella y de nuestro cliente.



Si me disculpan tengo qué entrar en estado de hibernación...

sábado, 1 de marzo de 2014

¿El término correcto será hipocronía?

Ayer por la mañana, cancelando mi sesión de gimnasio y empezando desde las 7 a acomodar información en tres libros de Excel de manera simultánea para el informe mensual de la chamba, sufriendo al ver cómo con el paso de las horas aún no veía cercano el final de la tarea, y que en cosa de nada ya me tenía qué ir arreglando para que el tránsito de hora pico camino al trabajo (ya por fin me soltaron el maldito coche) no me retrasara otra vez en el inicio de mis labores...me dí cuenta que las advertencias de mis maestros y demás mayores finalmente se cumplieron: llegué a la edad en la que el tiempo se va volando, no rinde mucho y su valor va a la alza cada día que transcurre.


Y sé muy bien que este apenas es el principio, pero carajo, es más impactante que la neuritis del ciático que me pegó el año antepasado. Ahora sí me cayó el veinte, peor que con las bodas, mi baby fever y mi cambio laboral.