Que el traje apenas me lo entregarán hoy, que las pasticetas apenas se elaborarán el lunes, que aún tenemos qué afinar los detalles de la ceremonia previa a la boda, que mi corofobia paralizante aún me impide practicar los pasos de baile animados de la fiesta, que hay qué medir bien mis gastos monetarios y consumo calórico para evitar imprevistos en la boda y la luna de miel, que revise mi correo para buscar reenvíos y confirmaciones, que si fulanito o fulanita nos ha cancelado su asistencia a pesar de su confirmación previa, que debo dejar lista mi maleta para el viaje a Chihuahua y aparte otra maleta en casa para nuestras mini vacaciones, que si no estoy nervioso por dar uno de los pasos más importantes de mi vida, que cómo serán nuestras finanzas una vez unidos en matrimonio, que cómo vamos a soportar seguir amándonos a distancia ya casados, que si ya hemos reconsiderado dónde viviremos juntos cuando ya no haya más interferencias entre nosotros, que si no pensamos encargar bebé durante nuestro primer año como marido y mujer, que sutana está sentida por no haber sido invitada, que esos zapatos que tengo no creen que sean los más cómodos para que los use esa noche...
La lista puede seguir y seguir, pero todas (salvo el traje, las finanzas y el baile) son preocupaciones ajenas. A pesar de todo ello, deseo que el tiempo pase más rápido y que por fin sea 25 de Junio. Pronto volveré a tenerla en mis brazos y comenzaremos a compensar todo ese tiempo que estuvimos ausentes en nuestras vidas.
Como siempre debió ser.
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