Apenas el día de hoy caí en la cuenta que contando ya con nuevo equipo de cómputo, mi problema de no contar con un lector de discos se había resuelto, y los miles de archivos que respaldé a lo largo de una década de mi vida en CD's por fin podría traspasarlos a mi unidad de disco externo.
Qué tarde-noche tan loca pasé el día de hoy revisando copia por copia tantos recuerdos de mi época de universitario: los trabajos, las presentaciones de Power Point, trabajos para ganar créditos extra, artículos de difusión, chingos de información que en ese entonces no podía siquiera comenzar a digerir, los videos que mis amistades y yo solíamos filmar con nuestros celulares rudimentarios de las pendejadas que se nos ocurrían en horas libres, las películas que entonces eran un poco más difíciles de adquirir digitalmente (aún le guardo mucho rencor al Kazaa y al Ares), y por supuesto que las fotos de amigos que se quedaron, amigos que se fueron, familiares que nunca más en la vida volveré a ver salvo en sueños, y el rostro de mi vieja cicatriz del corazón de quien había jurado haberme deshecho de todo recuerdo suyo en mi vida.
Todo viéndolo desde mi perspectiva actual, en conjunto era un pequeño plano de cómo cosas grandes y pequeñas por igual me fueron dando forma y que para bien o para mal me llevaron por caminos que me hicieron aprender duras lecciones sobre la vida. Afortunadamente hasta los recuerdos dolorosos se veían ya lejanos de mi persona, sin ninguna capacidad de volver a hacerme llorar o de hacerme sentir tan mal como en otros tiempos fué.
El día acabó conmigo rescatando lo que valía la pena rescatar, y dejando ir archivos corruptos, discos rayados y los recuerdos que de una u otra forma se tenían que ir.
Me siento en paz.
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