Pero fue el 15 de Febrero del presente año, a escasas 24 horas que partí de Chihuahua a Torreón de una visita de rutina, que de forma repentina comenzó una disputa entre los padres de Ludym y nosotros. Los motivos de la pelea son tan ridículos que no elaboraré en ellos, pero quedó claro para mí en tres largos días que no era del agrado de mis anfitriones (y tal vez nunca lo seré), que era un desperdicio de tiempo actuar contra mis deseos y sentimientos con el afán de mantener a otros contentos, y que la vida es demasiado corta y méndiga para esperar pacientemente a que llegara el momento "correcto" para ser feliz y hacer lo que realmente anhelas.
Enmedio del drama, cuestionándome muchas desiciones buenas y malas hechas desde la niñez hasta ese día, tomé una decisión y con la bendición (llena de temor) de mis padres, declaré que este verano desposaría a mi prometida.
Desde entonces, muy frecuentemente escuchamos discursos contradictorios por parte de ambas familias acerca de su gusto por vernos avanzar como pareja, sus dudas sobre la validez de nuestra relación, sobre si hay o no una agenda oculta en una toma de decisión tan drástica, si estamos conscientes del peso del compromiso que estamos adquiriendo, advertencias sombrías sobre cómo tu cónyuge se puede convertir en tu peor enemigo, sobre lo bonito que será vernos formar una familia, sobre lo egoístas que somos al no pensar en los demás (¿?), que si estamos tratando de amarrar a uno, si el otro es el que nos está amarrando, si mi atuendo es el adecuado, si sus tradiciones regionales tienen sentido...no sería de sorprender que nuestras ocasionales disputas por los preparativos de la boda nos los reservamos para nosotros.
¿Adónde quiero llegar con esta confesión a medias? Tanto pleito y cuestionamiento en más de una ocasión ha hecho que me arranque de coraje cabellos de la cabeza y me pregunte si de verdad vale la pena ir contra la corriente...y siempre encuentro mi respuesta en sus ojos, en su sencillez y en lo feliz que soy siendo yo mismo con todo y mis imperfecciones junto a ella.
No son las mariposas en el estómago, la promesa de pasión a puerta cerrada o las expectativas que la sociedad me impone sobre lo que es vivir correctamente. Simplemente aprendí a ser feliz al mismo tiempo que volvió a mi vida, deseo compartir esa felicidad con ella, y quiero hacerla tan feliz como ella me hace a mí siendo nosotros mismos. No necesito más razones para quererla a ella como mi esposa, y es por eso que vale la pena recordarnos mutuamente que los detalles de la boda son solo eso: detalles.
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