martes, 1 de abril de 2014

Cuando ni siquiera el café amargo y sin aditivos me puede salvar del cansancio y la desesperación ante mi carestía de tiempo, no queda más que respirar profundo, empacar, acostarme y planear paso por paso lo que sigue el día de mañana.

Sí, mañana quizás me irá mejor...

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