Este fin de semana una de mis mejores amigas contrajo matrimonio con su pareja de más de diez años, y su tiempo de permiso en el trabajo ha traído consigo un pequeño desajuste en nuestros formatos de estadística que he tenido qué darme a la tarea de poner al día durante mis tiempos muertos.
Creía que podría salir del área como máximo a las 10:30 de la noche, pero la cosa se prolongó hasta la 1:20; no podía soportar la idea de que al dejarlo todo inconcluso mis pendientes se terminarían duplicando al día siguiente, así que no era una opción irme a casa hasta que por fin terminara.
Mirando el reloj y viendo los mensajes de Ludy y mamá, me dí cuenta que un vez más adopté uno de los malos hábitos de mi padre que es quedarse hasta tarde de Godínez en la oficina dándole privilegio al trabajo sobre su propia vida. Tal vez exagero al pintarlo así, pues estoy perfectamente conciente que mi padre siempre ha dado todo de su ser para sacar a la familia adelante, pero sería un cretino de no darme cuenta que eso para nada es agradable y a la larga termina haciendo más mal que bien.
No me gustaría que por estar inmerso en mi carrera, la vida de mi amor, mis hijos y mis demás serer queridos se me vaya en un abrir y cerrar de ojos, para acabar haciendo berrinche el día que me de cuenta que ya ninguno es solo mío...
1 comentario:
Prioridades mi amigos... se llama prioridades.
Saludos
Publicar un comentario