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jueves, 11 de junio de 2015

Que hoy y siempre todos tus deseos se hagan realidad, mijito

Hace trece años mi mejor amiga me hizo la confidencia de que estaba embarazada de su novio, necesitaba platicarlo con alguien ya que los síntomas se volvían más fuertes, su cuerpo comenzaba a cambiar y contando apenas con 17 años iba a ser inevitable que tomara decisiones que le cambiarían la vida para siempre.
Afortunadamente sus padres aunque desepcionados, la apoyaron al 100%, y de forma libre ella misma asumió la responsabilidad de traer al mundo a un ser nuevo para amarlo, guiarlo y darle todas las herramientas a su alcance para que lograra ser feliz en la vida.
El nacimiento de mi sobrino se dió justo en la época en la que tenía que ir preparando el camino para disputar mi lugar en la carrera, por lo cual a partir de ese momento mi contacto con mi querida amiga y su pequeño se limitaron a mensajes y llamadas ocasionales para ponernos al corriente.
Cinco años más tarde, poco antes de que me ocurriera mi caída, por fin tuvimos la oportunidad de convivir los tres en persona...mi pequeño y yo hicimos una conexión inmediata gracias a su curiosidad y a mi peculiar forma de hacer muecas.
Desde ese reencuentro no hemos vuelto a perdernos la pista, y el niño ha sido partícipe de nuestras locuras, paseos de aventura y comidas sociales. Desde que su madre tuvo qué buscar oportunidades de trabajo fuera de la ciudad, con el consentimiento de la abuela he sido su tío de fin de semana, de alguna forma tratando de recobrar los años perdidos al mismo tiempo que lo cuidaba y consentía como su propia madre lo haría (el padre al poco tiempo de nacido rompió con ella y hasta los cinco años nunca más volvió a buscar a mi niño).
Hoy cumplió 12 años mi pequeñito, y mientras lo felicitaba me fue inevitable chillar un poco al recordar de golpe todos esos hermosos sentimientos que un niño sin parentezco conmigo me ha generado desde el día de la confidencia.



Mirando atrás, solo espero que en el tiempo que llevo de haberlo conocido haya aportado algo valioso a su vida más allá de regalos, desayunos, vagancia y una manía insana por los gatos.

lunes, 23 de febrero de 2015

Just a flesh wound...

Afortunadamente todo en el hospital ha tomado buen rumbo: los compañeros tenemos buena química grupal, nuestros docentes no tienen dificultad para darse a entender y respetar, y nuestros Residentes de rango superior (que hemos tratado hasta ahora) nos han ayudado a adaptarnos sin altercado alguno de por medio.

Sin embargo, la semana se agrió un poco al tener un accidente doméstico (muy estúpido) al manipular un exacto oxidado (nunca usen esas madres para modificar materiales que no sean papel o cartón) que como podrán apreciar me despojó de una cantidad nada despreciable de piel en una zona de movimiento importante. De eso ya ha pasado una semana, y la cicatrización ya me permite tener más tiempo la herida sin cubrir (me vacuné al día siguiente, no se preocupen).

Las cosas adquirieron un mejor matiz el día de ayer, pues mi sobrinito cabezón y yo participamos en una rodada masiva de 46 Km pedaleando (en algunos puntos cuesta arriba) un circuito que abarcaba tres ciudades vecinas. Para nuestro beneplácito, todos esos paseos dominicales recorriendo juntos de un extremo a otro la ciudad rindieron frutos, al ver que mi pequeño no solo lo toleró, sino que se enamoró de la experiencia y muestra interés porque paseemos más seguido por rumbos distintos a los que acostumbramos.


Hasta ahora, la cuenta regresiva al inicio de las guardias me tiene sin cuidado. Ojalá no me retracte de aquí al Domingo...