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lunes, 30 de marzo de 2015

Té de menta para el vómito

Aunque el entusiasmo y las intenciones de aprovechar bien esta nueva oportunidad de mejorarme a mí mismo, me sorprende cómo en cosa de un mes mi rutina diaria se ha alterado por completo con tal de mantenerme en marcha. Regreso a casa y ya no siento deseo alguno por seguir con alguna otra tarea sin antes echarme una siesta de cuatro horas; despierto más ágil de mente, pero el tiempo una vez mas se me va y hay qué darle prioridad a las tareas y temas por estudiar por encima de un paseo breve en esa bicicleta a la que la pinche lluvia que ha estado yendo y viniendo no me la deja en paz con el fucking óxido. Y las guardias, las cochinas guardias en urgencias me dan fortaleza a la vez que me azotan con tanto movimiento y los sustos de cada vida en peligro.

Ludy vino hace una semana, y me iluminó la vida por unos hermosos pero fugaces dos días, el deseo de casarnos se vuelve cada día más fuerte y cuando menos lo pensamos ya estamos teniendo otra conversación sobre planes de boda para dentro de dos años. Pensamos en la lista de invitados, pensamos en el lugar, pensamos en el menú, pensamos en los malditos gastos que implicará dar una fiesta a un chingo de gente para tratar de darles gusto en vano en nuestro mejor día, pensamos en lo lejos que aún se siente  y de cuánto anhelamos contar con el amor y apoyo del otro en vivo a diario, aún a pesar de los malentendidos y la rutina que puede implicar, y de cuánto me gustaría encargar con ella un bebé desde la primera noche o tras el primer año. ¿Cuándo me animaré a decirle a mis papás que ya tenemos una fecha tentativa y que estamos comenzando a reservar parte de nuestros sueldos a ese fin?, ¿como siempre en todas mis decisiones importantes me cuestionarán si estoy seguro de lo que voy a hacer?, ¿me enojaré?.

Atrás se oye una fiesta pendeja de mocosos que obviamente ya salieron de vacaciones, no tienen por qué irse a dormir temprano y levantarse contra los mandatos del cuerpo a trabajar como burro de carga a cambio de poder adquisitivo (dulce, dulce poder adquisitivo sabor Droga-Cola Inc.). Oyen canciones actuales, de mi tiempo y del tiempo de mis papás, ¿qué coños es eso?, algo mejor que la basura de narcocorridos que acostumbran los otros mojones, eso sí he de admitir. ¿En qué me quedé?. ah sí:  mocosos idiotas con harto tiempo para desperdiciar sin preocupaciones de salud, incertidumbres del mañana o responsabilidades por las cuales deban dar la pinche cara.

No quiero salir ahora mismo de casa, no quiero ir al idiota hospital a buscar un médico de los pocos que se han dignado verme trabajar más de quince minutos para que con mano en cintura se dignen a imponerme números que le den un valor subjetivo a mis guardias y cooperación periódica en un servicio y unidad a la que no pertenezco ni soy del todo bienvenido. No pienso ir, a la verga iré a joder en otro momento, no ahora. Malditos cabrones que a sabiendas de que tienen gatos pendejos que les hagan la chamba a cambio de un título se largan a su casa a dormir hasta que reciben un fonazo de que alguien se nos está muriendo. Cabrones, cabrones, cabrones.



Hoy necesito despejarme, necesito mandar a la verga tantos miedos y corajes que se me han ido juntando. Tal vez necesito otra conversación sobre la boda. Aún tenemos que platicar de dónde nos iremos a vivir si nos casamos durante su especialización. No podemos comprar una casa sin un empleo fijo, así que tenemos qué pensar qué clase de departamento rentaremos.



miércoles, 18 de marzo de 2015

Trabajo muy duro, como un esclavo...ay, ya se me olvidó todo, bueno...¡páguenme título!!

Dentro del ambiente de trabajo hospitalario, existe algo llamado jornada acumulada, un horario de trabajo que consiste en que fines de semana y días festivos se trabaja una cantidad de tiempo distinto a los días hábiles, ésto para que un hospital se mantenga en función siete días de la semana y 365 días del año. Así, mientras existe personal de contrato que se encarga de trabajar de manera ordinaria de lunes a viernes, hay otro personal al que le pagan lo mismo o hasta más por ir a trabajar los días que el resto de la plantilla no labora.

Para los médicos internos y residentes la historia es distinta. Como parte de nuestra formación (y condición de sacachambas baratos) a todos por igual nos toca participar periódicamente de la jornada acumulada con sueldo ordinario a través de nuestras guardias Es decir, si en sábado me tocó quedarme a hacer guardia, no empiezo a las 15 ó 16 horas como se acostumbra de lunes a viernes; tengo qué reportarme a trabajar a las 8 de la mañana hasta que el compañero de la siguiente guardia se reporte al próximo amanecer, funcionando casi 24 horas seguidas (digo "casi" porque entre compañeros de guardia nos relevamos unas horitas para pestañear un rato por la noche). Sin embargo si me toca en domingo o un festivo entre semana, amaneciendo los internos y residentes de guardia tenemos qué seguir trabajando como normalmente lo haríamos un día hábil, llegando a hacer un total aproximado de 32 horas de actividad.

Tras este brevario, creo que es obvio lo que me pasó este hermoso fin de semana de puente. Acabo de despertar en casa de una siesta de dos horas...que se volvió de 10 horas. Pero carajo, lo necesitaba. Todo el puto lunes me la pasé de pie tomando muestras de sangre, haciendo electrocardiogramas, llevando muestras de aquí a allá, entrevistando pacientes, asistiendo eventos, haciendo pases de visita a encamados y escribiendo notas sin una méndiga silla al alcance (Urgencias está tan sobresaturado que hay muy pocas que podamos usar los residentes de Medicina Familiar y de Urgenciología). Solo en el comedor y en mi siesta de la madrugada de ayer pude descansar tantito los pies, y saliendo tuve qué correr en chinga a casa para bañarme, vestirme y salir hecho la mocha en el auto aún adormilado a mi hospital a trabajar...estaba tan cansado que tuve qué comprar una bebida energética para no cabecear en la consulta y decir incoherencias a los pacientes.

No es la primera vez que hago esto, pero sí han pasado años desde mi última guardia larga y aún me estoy readaptando al ritmo de trabajo. Es curioso cómo mirando atrás a mis días de interno foráneo, viviendo solo y en una ciudad ajena tenía mucha energía para eso y más...pero definitivamente no es lo mismo a los 24 que a los 30. Pero bueno, más vale hacer esto ahora a irlo postergando otros años más. Eso al menos me permitirá disfrutar mi matrimonio y paternidad cuando llegue el momento.


Mejor me voy a dormir, que en unas horas debo alistarme para volver a trabajar. La próxima guardia se acerca.

sábado, 7 de marzo de 2015

Mi noche en la zona de guerra

Compañeros de la especialidad y ajenos solían decir que la residencia de Medicina Familiar no tenía guardias, que a lo más se llegaba hasta las 23 horas para de ahí tomar sus cosas e irse a casa con conocimiento extra, y el mínimo de sacrificio si es que aquello podía ser denominado así. Y peor aún, en algún momento me tragué ese cuento con el que muchos justifican el desprecio a mi especialidad.
Sin embargo, el miércoles de esta semana constaté por mí mismo que todo eso eran mentiras o verdades a medias de aquellos que de verdad no se toman enserio a sí mismos. Desde las 16 horas hasta las 6 del siguiente estuve encerrado en la sala de urgencias, sin un solo instante disponible para sentarme a hacer nada. Como siempre, había una sobresaturación de esas que a los reporteros lamebotas de Televisa les encanta juzgar de lejitos en las redes sociales; la demanda de atención sobrepasaba la capacidad del hospital, al grado que dos pacientes estaban internados contando solamente con una silla para reposar, mientras el resto yacían hacinados encamillados en los pasillos esperando que una cama se desocupara para ellos.
Los residentes de Urgencias estaban a manos llenas ocupándose de atender a sus pacientes mientras se les iban acumulando pendientes, y nosotros de Medicina Familiar atendíamos cada indicación sin ejecutar en el esfuerzo de ayudar a desahogar las labores. Los pases de visita se vieron interrumpidos dos veces por accidentado e infartado, ancianos y señoras nos pedían que les prestáramos atención a sus dolencias, la noche se hacía más larga y la necesidad de alimento pasaba a último plano tratándose de cumplir como se nos exigía.
Así, tras cinco años de no volver a atender en un área de Urgencias, me reestrené con una guardia muy salada en la que aprendí a hacer procedimientos que jamás tuve oportunidad de llevar a cabo, asistí en la respiración artificial manual de un hombre que por horas no contó con un respirador automatizado (todos acabamos muertos al día siguiente), ví que tengo la capacidad de atender a un paciente urgente sin necesidad de ser urgenciólogo, y que no comer era el último de mis problemas.
El límite nos lo ponemos nosotros mismos, y yo decidí no echarme para atrás, apechugar y someterme periódicamente a estas experiencias duras que me harán un médico resolutivo y útil en mi servicio social futuro.

Por eso, desde esa noche me siento sumamente orgulloso de decir que soy un Médico Familiar.

lunes, 23 de febrero de 2015

Just a flesh wound...

Afortunadamente todo en el hospital ha tomado buen rumbo: los compañeros tenemos buena química grupal, nuestros docentes no tienen dificultad para darse a entender y respetar, y nuestros Residentes de rango superior (que hemos tratado hasta ahora) nos han ayudado a adaptarnos sin altercado alguno de por medio.

Sin embargo, la semana se agrió un poco al tener un accidente doméstico (muy estúpido) al manipular un exacto oxidado (nunca usen esas madres para modificar materiales que no sean papel o cartón) que como podrán apreciar me despojó de una cantidad nada despreciable de piel en una zona de movimiento importante. De eso ya ha pasado una semana, y la cicatrización ya me permite tener más tiempo la herida sin cubrir (me vacuné al día siguiente, no se preocupen).

Las cosas adquirieron un mejor matiz el día de ayer, pues mi sobrinito cabezón y yo participamos en una rodada masiva de 46 Km pedaleando (en algunos puntos cuesta arriba) un circuito que abarcaba tres ciudades vecinas. Para nuestro beneplácito, todos esos paseos dominicales recorriendo juntos de un extremo a otro la ciudad rindieron frutos, al ver que mi pequeño no solo lo toleró, sino que se enamoró de la experiencia y muestra interés porque paseemos más seguido por rumbos distintos a los que acostumbramos.


Hasta ahora, la cuenta regresiva al inicio de las guardias me tiene sin cuidado. Ojalá no me retracte de aquí al Domingo...

miércoles, 18 de febrero de 2015

De aventura


Este Lunes tras cuatro años nuevamente me vestí de blanco, me calcé mis zapatos hospitalarios, y tomé una nueva ruta en un nuevo horario hacia el hospital que me verá a lo largo de tres años estudiar, trabajar y mejorarme a mí mismo para seguir avanzando y ser un mejor médico para mis pacientes.
Mis padres estaban orgullosos, mi Lucerita estaba echándome porras, y todos mis amigos por distintos medios me mandaban buenas vibras que por mucho superaban los nervios de volver a ser sometido evaluaciones, colas largas de racilla y cochinas guardias.
En estos tres días las cosas han marchado muy bien, mis nuevos compañeros parecen ser muy buen pedo, y disfruto cada instante de lo que está ocurriendo.

Tengo un buen presentimiento sobre el futuro cercano y mi actividad bloguera :D