Dentro del ambiente de trabajo hospitalario, existe algo llamado jornada acumulada, un horario de trabajo que consiste en que fines de semana y días festivos se trabaja una cantidad de tiempo distinto a los días hábiles, ésto para que un hospital se mantenga en función siete días de la semana y 365 días del año. Así, mientras existe personal de contrato que se encarga de trabajar de manera ordinaria de lunes a viernes, hay otro personal al que le pagan lo mismo o hasta más por ir a trabajar los días que el resto de la plantilla no labora.
Para los médicos internos y residentes la historia es distinta. Como parte de nuestra formación (y condición de sacachambas baratos) a todos por igual nos toca participar periódicamente de la jornada acumulada con sueldo ordinario a través de nuestras guardias Es decir, si en sábado me tocó quedarme a hacer guardia, no empiezo a las 15 ó 16 horas como se acostumbra de lunes a viernes; tengo qué reportarme a trabajar a las 8 de la mañana hasta que el compañero de la siguiente guardia se reporte al próximo amanecer, funcionando casi 24 horas seguidas (digo "casi" porque entre compañeros de guardia nos relevamos unas horitas para pestañear un rato por la noche). Sin embargo si me toca en domingo o un festivo entre semana, amaneciendo los internos y residentes de guardia tenemos qué seguir trabajando como normalmente lo haríamos un día hábil, llegando a hacer un total aproximado de 32 horas de actividad.
Tras este brevario, creo que es obvio lo que me pasó este hermoso fin de semana de puente. Acabo de despertar en casa de una siesta de dos horas...que se volvió de 10 horas. Pero carajo, lo necesitaba. Todo el puto lunes me la pasé de pie tomando muestras de sangre, haciendo electrocardiogramas, llevando muestras de aquí a allá, entrevistando pacientes, asistiendo eventos, haciendo pases de visita a encamados y escribiendo notas sin una méndiga silla al alcance (Urgencias está tan sobresaturado que hay muy pocas que podamos usar los residentes de Medicina Familiar y de Urgenciología). Solo en el comedor y en mi siesta de la madrugada de ayer pude descansar tantito los pies, y saliendo tuve qué correr en chinga a casa para bañarme, vestirme y salir hecho la mocha en el auto aún adormilado a mi hospital a trabajar...estaba tan cansado que tuve qué comprar una bebida energética para no cabecear en la consulta y decir incoherencias a los pacientes.
No es la primera vez que hago esto, pero sí han pasado años desde mi última guardia larga y aún me estoy readaptando al ritmo de trabajo. Es curioso cómo mirando atrás a mis días de interno foráneo, viviendo solo y en una ciudad ajena tenía mucha energía para eso y más...pero definitivamente no es lo mismo a los 24 que a los 30. Pero bueno, más vale hacer esto ahora a irlo postergando otros años más. Eso al menos me permitirá disfrutar mi matrimonio y paternidad cuando llegue el momento.
Mejor me voy a dormir, que en unas horas debo alistarme para volver a trabajar. La próxima guardia se acerca.
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