sábado, 8 de agosto de 2020

Hoy lo intenté. De verdad lo intenté. Quise enfocarme en solucionar problemas, en ser pragmático, en solo formular diagnósticos y dar tratamientos, pero no pude.
Me tratan de contar historias largas y pendejas cuando pregunto por síntomas concretos, me dan diagnósticos absurdos formulados por la comadre o sus imaginaciones hiperactivas, me dicen al final de la consulta que tienen otro padecimiento totalmente omitido por ellos cuando les hago el interrogatorio, se les olvidan sus malditas contrarreferencias y así me vienen a exigir recetas, me reclaman que no les dí un fármaco y resulta que ni siquiera leen las putas recetas para darse cuenta que el error fue de farmacia, no pueden ni decirme qué medicamentos se toman ni a qué dosis, se desesperan si hago preguntas como mi pinche trabajo me lo manda, no obedecen indicaciones, no prestan atención a nada que uno dice, mienten para no quedar como unos peores valemadres, me hacen caras si me tardo unos minutos más porque el otro lo necesita o su puta receta es larga, y encima se sorprenden de que me hagan enojar o exprese en mi rostro desesperanza al ver que todos mis esfuerzos caen en saco roto.
Creen que mi ira y frustración vienen de casa, cuando allá me cura el amor de mi esposa y me regodeo en mi cama con mis gatos cariñosos. Es en realidad el hastío de lidiar diario con gente con poco sentido común e instinto de autopreservación el que me hace desear morir en esos momentos.

De verdad siento que algo en mí se muere cada día que voy al trabajo, cuando antes en este blog dejé testimonios de alegrías y satisfacciones en el ejercicio de la profesión.


Simplemente odio estar a disposición de los pendejos.

2 comentarios:

Alexander Strauffon dijo...

He tenido esa plática más de una vez en tiempos recientes con profesionistas médicos que conozco. Solo atino a decir "tercer mundo, cómo dueles". Pero ya EUA se encargó de probarnos que en los Juegos Olímpicos de la Pendejez ellos no querían quedarse atrás, por supuesto. La verdad es que siempre se comprueba como cierta aquella frase de que quien no conoce de historia está condenado a repetirla. Las mismas necedades de la población común en más de un país ocurrieron durante la Gripe Española, y daban los mismos argumentos y se quejaban de las mismas cosas. E igual a mucho personal de área médica (no solo doctores, sino enfermeras, camilleros, etcétera) se los llevaron de encuentro por culpa de eso.

Alexander Strauffon dijo...

Olvidé agregar: después se quejan y salen con el lloriqueo de "qué racista, qué discriminador". Pero en la práctica cualquiera que haya tenido pacientes incluso aunque fuera solo haciéndoles preconsulta se da cuenta de la diferencia entre un paciente de tal procedencia y otro. Tan solo basta preguntar a alguien que haya tenido pacientes de un país asiático-oriental, por ejemplo, y dirá que van más al punto y más directos que muchos del continente americano en general, que quieren platicar la historia de su familia desde su tatarabuelo cuando se les está pidiendo una respuesta clara e incluso solo un Sí o un No, y encima culpan al médico de su propia negligencia y olvidos en cuanto al tratamiento se refiere. Y eso no es para nada ni discriminar ni ser cruel ni cuanta acusación ridícula quieran sacar: son hechos observables al estar ejerciendo en el campo.