miércoles, 27 de agosto de 2014

Como garra de gato sobre el sofá

En vista de que los nervios del examen y las trasnochadas me han comenzado a afectar un poco, he optado por escribirle sus cartas a Lu entre semana durante mis horas muertas en el trabajo. Hasta ahora no solo me ha ayudado a liberar la tensión, sino que además me levanta mucho el ánimo escribir cosas bellas al mismo tiempo que hago lo posible porque mi letra no desentone con el romanticismo de mis besos de tinta.
Hasta la semana pasada tuve problemas con la pluma fuente que compré para este objetivo en particular, pues al escribir las letras me salían exageradamente gruesas, dándole a las palabras un aspecto terriblemente empalmado; algo me decía que así no era como se supone debería verse el texto, por lo cual me hice el propósito de buscar tutoriales en video por ahí y ver cuál era mi error al sujetar mi instrumento.
Hoy lo puse nuevamente en práctica, ¡y qué diferencia!. Voltear 180 grados o 90 de la punta en flecha de la pluma eran la diferencia entre trazos finos para mis minúsculas y gruesos complejos para mis mayúsculas (que por mucho ahora son más grandes y llamativas que mi letra casual). Toda la tarde la pasé experimentando con algunas letras y palabras, no solo por el placer visual, sino también por sentir el roce áspero de uña de gato sobre el papel, casi rasgándolo al mismo tiempo que se impregnaba de negro.


Tal vez debo ir pensando en más detalles en las cartas para ir sacando mayor provecho a mi nuevo juguete...y si todo sale bien pronto mis recetas lucirán dignas de un galeno, pero perfectamente legibles.