Del lado derecho podemos apreciar una lámpara de exploración con luz blanca LED, y a la izquierda otra lámpara con luz amarilla, también de tipo LED; la primera es la que mis jefes me proporcionaron para trabajar.
Ya antes había tenido lámparas de ese tipo, sin embargo durante mis primeros años como médico jamás me he tenido qué ver en la necesidad de usar esa luz para revisar a un paciente, siempre a causa de que para bien y para mal he contado con el apoyo de instrumental más versátil y tradicional de foco con filamento o fibra óptica.
Ahora es que tras muchos años de no usarlas, por fin veo la diferencia entre la luz blanca y moderna y la luz amarilla:
No ha habido ni un solo paciente que no se haya quejado de lo molesto que es ese resplandor en la oscuridad aún a distancia. Quizás la luz blanca está bien ahora que será el estándar de los alumbrados públicos, para linternas y para gendarmes...¡pero qué mentada de madre es que eso te dé directo en un ojo!
A raíz de eso, antier me dí tiempo de buscar y comprar la lámpara azul de luz amarilla (parecida a la de los instrumentos de generaciones anteriores), y ¡vaya que sí hay una diferencia enorme! No solo el color es más cálido y fácil de tolerar, sino que además el foco está en una parte profunda de la cámara, diluyendo por mucho la intencidad del haz de luz al salir de ella.
Quizás este es un buen ejemplo de tecnología moderna bien y mal aplicada. Sin olvidar, también que uno siempre debe prestar atención a las quejas del cliente si uno quiere mantener su interés.
1 comentario:
La luz blanca trastorna mis sentidos y obnubila mi mente je. Mñeh.
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