Es triste que a pesar de que ellos evidencian que todos nacemos para ser iguales, a veces las mismas familias de ellos no les dan el lugar que merecen ni respetan la etapa que ellos deberían estar viviendo al exponerlos a vicios, malicia, violencia o incluso haciéndolos a menos peor que a un perro callejero.
Hoy al averiguar las historias detrás de esos niños, internos de un albergue para hijos de presos, conocí un nuevo nivel de negligencia y desintegración familiar que me es imposible no juzgar con dureza (no al preso, sino a la familia restante).
2 comentarios:
Y toda esa negligencia y abandono no se destierra nunca mas.
He conocido familias rotas! Donde los niños son literalmente la ultima rueda del coche, que hacer para combatir eso, me produce impotencia!
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