miércoles, 3 de mayo de 2023

Desde ultratumba


¿Así que ya pasaron tres años desde mi último grito desesperado de ayuda? El tiempo se va volando cuando uno es prisionero de la rutina laboral, la cronopenia y las pandemias.

Despejando rápido dudas en aquellos pocos lectores que se quedaron con el pendiente: no, aún no somos papás, pero ya aceptamos nuestra condición de infértiles tras estudios médicos, y estamos en espera de que nuestro expediente sea empatado con el de algún niño para iniciar proceso de adopción; no, no he perdido mi empleo a causa del estrés laboral, pero he regresado a psicoterapia y de paso he solicitado ayuda psiquiátrica para diagnosticar con mayor precisión mi padecer, iniciar un tratamiento hecho a mi medida que no solo me ayude a sobrevivir a mi chamba, sino además ayudarme en mi productividad y cognición; sí, sigo viviendo en las tierras de Lucerita, y aunque hemnos hecho nuevos amigos en el proceso, seguimos odiando las idiosincracias de su gente; mi familia se encuentra bien, pero aún en reconfiguración tras la muerte de mis abuelas parterna y materna; no, mi relación con mis hermanos no es la misma mierda de aquellos años, la distancia y el tiempo nos han ayudado a sanar viejas heridas y apreciar el poco tiempo que podemos coincidir; no, mis padres ya están menos aprehensivos acerca de mi desenvolvimiento como adulto, y tienen mejor opinión sobre nuestras tomas de decisiones; no, mi relación con mi familia política ya no es un desastre, las crisis internas ayudaron a sincerarnos y conocernos mejor todos, ahora nos reunimos con mayor frecuencia y convivimos de forma muy llevadera, al grado de ya sentir que sí tengo familia en este Estado al que sigo siendo foráneo; sí, las pesadillas se han ido, y lo último que tal vez cuadraría como fue unba visión bizarra de mí teniendo qué darle de forma ultra incómoda a mi ex la bienvenida a nuestro vecindario, buscando mil y un pretextos para ser mal vecino y no presentarme ante su puerta sin éxito (desperté cuando estaba a unos metros de la banqueta), mi esposa se murió de la risa ante semejante historia la mañana siguiente.

¿Qué más ha habido de nuevo estos tres años?, pues ya tomamos la decisión de iniciar poco a poco empredimientos para hacer un poco de dinero extra, mi chica terminó su maestría, yo inicié una para formarme como terapeuta familiar, sobrevivimos a la pandemia, nos reconciliamos con los dioses y nos hemos vuelto politeístas (por no llamarlo de otra manera sigilosa 🧙), nos hemos vuelto genuinos señores de las plantas, comenzamos a cultivarnos de conocimientos para una vez retirados vivir de una granja autosustentable, y afortunadamente esta Navidad pudimos autorregalarnos una PC desktop ante la caducidad inevitable de las laptops, la impracticidad del teclado táctil de un móvil, y la falta de alma de una tablet.

Justo ahora estoy aprovechando los últimos días de vacaciones que me quedan de este semestre, y mi horario se ha volteado totalmente al pasarme todo el día dormido para en la tarde despertar y hacer todos los pendientes como buen amo de casa que soy (insisto que nuestra casa es nuestro paraíso de cuatro paredes, y amo darle vida tanto como mi mujer). Ya han pasado dos semanas de insomnio, y hoy sentí que era un buen momento para desfogar mi cabeza y desempolvar un poco mi viejo (pero querido) espacio virtual.

No me gusta prometer que procuraré publicar más seguido, porque a estas alturas siento que puedo contarle todo lo que me aqueja a mi compañera, pero lo que sí puedo jurar es que seguiré dándome la vuelta, de vez en cuando, hasta el día que deje este mundo, pues escribir aquí ha sido mi salvavidas incontables veces, quizás más de las que estaría dispuesto a admitir.

Además, es entretenido ver cómo entre líneas se puede ver cada una de las etapas que vivo en el momento de publicar, así que creo que vale la pena dejar una pequeña muestra a mis seres amados de quién fui en vida.

Por cierto, Cali sigue entre nosotros, y a sus ocho años les quiere recordar que los odia a todos.




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