lunes, 28 de julio de 2014

Muy buenos días

En 29 cortos años he sido diurno, vespertino y nocturno por necesidad y gusto, pero creo que jamás he sentido la paz que en esta etapa me inunda el poder darme unos minutitos para desviarme de mi rutina, disfrutar del calor gentil de la mañana, sentir las caricias del viento y deleitarme con algo tan cotidiano como los verdes de los árboles o las pinturas descuidadas y mal escogidas por el ayuntamiento.
Casi toda mi vida he pasado estas horas enclaustrado en un salón de clases desmañanado, desinteresado, luchando por mantenerme enfocado y ocasionalmente con un poquito de hambre, preguntándome si eso era lo que me esperaba el resto de mi vida, durmiendo tarde por ocio o estudio, y resguardándome del sol norteño de la tarde que todo lo quema y avejenta prematuramente.
A estas horas no quiero ni preocuparme por llegar temprano o tarde, por arreglarme y causar alguna buena impresión. Quiero ser egoísta y dedicarme a mí mismo atendiendo pendientes, estirando las piernas y tal vez pedalear a baja velocidad en una calle vacía hacia ningún lado en particular, leer medicina sin presiones y olvidarme del maldito hábito de mirar una y otra vez el reloj que me regaló Lu.
Puedo trabajar a otra hora, puedo dormir ya de noche ahora que mi cuerpo se pone en huelga para que respete sus tiempos de descanso, pero mientras aún no tenga nuevas obligaciones quiero seguir saboreando mañanas despejadas como esta para un día que realmente lo necesite, acordarme que un día volveré a ser libre.

Tal vez ya con gafas, polainas por encima del ombligo, una taza de café y un periódico.

No hay comentarios: