jueves, 9 de enero de 2014

Deber

Hoy murió uno de mis viejitos. Era de los más problemáticos en el asilo, muchas veces llegaba a los golpes si alguno de sus compañeros le colmaba la paciencia, y para todo tenía un pero para sus cuidadoras, y sin embargo conmigo era muy dócil y hasta cierto punto muy cooperador; en cierta forma lo comprendía porque yo también soy muy enojón y a veces llego a ser insoportable cuando algo de plano no me parece, y por ende sabía que necesitaba mostrarme competente, paciente y educado con él para no darle motivos para que se pusiera de malas y desconfiara de mí.
Tristemente nadie venía a visitar a Don Chava, y eso sólo le hacía ponerse peor ya que no tenía forma de elegir a la gente con la que a diario tenía qué convivir.
De acuerdo a los hechos relatados por la encargada del asilo, ya tenía dos semanas enfermo, sin embargo su deterioro se dió paulatinamente hasta culminar hoy en insuficiencia respiratoria. Recibí la llamada hoy a las cinco de la tarde, preguntando si de favor podía ir a firmar el acta de defunción para que el DIF pudiera llevarse el cuerpo a su funeraria correspondiente; debo aclarar aquí que ya no era mi hora de trabajo, y la política de la fundación es que al ser nosotros una mera asistencia externa no nos competen cosas de mayor impacto a una simple consulta médica...ya dos veces los había derivado con la SEMEFO para con otras defunciones, siguiendo el consejo de maestros y amigos que al hacerlo tenía un muerto encima de mi reputación que ni murió bajo mi cuidado...pero esta vez decidí mandar al carajo eso y hacer lo correspondiente por mi amigo.
Qué tranquilo me sentí de verlo muy bien arropado en su cama, ya por fin sereno con sus miembros aún libres de rigidez. Al momento que hice la inspección correspondiente en busca de signos de muerte clínica, sentí una satisfacción que el médico dificilmente siente al ver frente a sí a su paciente muerto...acomodar de nuevo su cabecita, cerrarle los ojos y colocar sus manos sobre su pecho con mucho cuidado se me figuró a que estaba arropándolo y dándole las buenas noches sabiendo que cosas muy bonitas seguro le deparaban de ahora en adelante.
Yo conocí personalmente a ese antiguo paletero berrinchudo como nadie mas en la ciudad lo haría en los últimos años, y al llenar el formato lejos de sentirme derrotado o humillado, daba testimonio de que ese bello señor fué alguien y que a mí dejó huella como todos mis otros pacientes vivos y muertos.


Una coincidencia agridulce, pero creo que es buena forma de ir iniciando la cuenta regresiva antes de renunciar e irme sobre una oferta buena de empleo que se me hizo.

4 comentarios:

la MaLquEridA dijo...

Tienes un buen corazón, enojon pero bueno.


Cuidate

Gary Rivera dijo...

Es una lástima que sus últimos años los viviera en la amargura, quizás esa es una lección que no debemos imitar, me imagino tendría poderosas razones para estar asi! Lo bueno es que sus caminos se cruzaron! Un abrazo!

Alexander Strauffon dijo...

Vivió lo que le tocaba, qué bueno que con tu trato profesional y humano hubo suficiente impacto para que se portara bien cuando estabas. Requiescat in pace, lo que queda por decir.

El Khrix dijo...

Te queda la satisfacción de que ambos se han conocido y que en sus últimos días tuvo un amigo, animo.