domingo, 26 de enero de 2014

Autotitulado

Por alguna curiosa razón ultimamente me he dado tiempo de leer tuits y comentarios hechos a través de Facebook en páginas de noticias y en una que otra de ocio. Carajo, cómo resultó certero el tag que a veces (ya no tan seguido) pongo de 'Mi opinion te vale madres...".
Efectivamente todos tenemos una opinión para lo que sea, desde temas relevantes hasta trivialidades que sí son francamente pérdida de tiempo, y por más que las Cartas Magnas protegan (en teoría) la libertad de expresión la verdad es que hay quienes abusan de ese privilegio sin siquiera merecerlo.
Hace años un conocido me ilustró que en Comunicación existe un precepto básico que dicta que el micrófono tiene un poder que no debe tomarse nunca a la ligera, y por ende el comunicador tiene la responsabilidad de usarlo responsablemente, juzgar a quién otorgarlo, a quién negarlo y cuándo retirarlo; lo mismo podía ocurrir con los medios escritos que no fueran epístolas (el Twitter de la antigüedad). Los tiempos han cambiado, y con la capacidad que adquirimos de hacer circular información valiosa por medios que antes eran de uso exclusivamente militar, viene también una vorágine de insultos, mensajes de odio a minorías, teorías conspiranoicas, desinformación, verdades manipuladas, debates pendejos y una cagadera que a cualquiera con sentido común da asco.
Escribo esto sin dejos de hipocrecía porque admito que ocasionalmente he perdido la paciencia y me he enfrascado en peleas con gente que ni conozco ni me encontraré en algún punto de la vida por alguna tontería que no valía la pena o por mi estúpido ego en mis tiempos más mozos; sin embargo por más que aborrezca al Presidente de México, a su familia, su séquito de lamebotas y a la gente que lo llevó al poder, tengo la cabeza para no compararlos con un estúpido anime que no me termina de gustar en una página que almacena ilegalmente material con derechos reservados y subtitulado por adolescentes con demasiado tiempo libre, o la madurez mental para no llamar puto o de mentarle la madre al primer cabrón con una opinión contraria a la mía cuando para empezar ser juzgado homosexual ni es insulto ni tampoco tengo el gusto de conocer a su mamá.
Hay quienes tienen la suficiente inteligencia é no?, también el valor) para rebatir todas y cada una de esas muestras de descortesía y desinformación hasta dejar acorralado al otro usuario con hechos y argumentos muy bien estructurados, pero hoy día creo yo que eso es el equivalente a meterle una tremenda golpiza de cantina a un niño de 9 años que por primera vez aprende a hacer uso del dedo medio de la mano. Por eso y porque sé que tengo muy baja tolerancia a lo que yo juzgo estupidez que no permito los comments anónimos aquí en Blogger, y ya hago lo posible por no leer las secciones de comentarios con plugin de Facebook y Twitter para ahorrarme el dolor de cabeza en otros lares de Internet. Los foros ya ni se diga.
No obstante hay cosas por las que vale la pena pelear y señalar, ya que no hacerlo es lo mismo que pasar por la calle y no hacer nada al ver que una bola de cretinos abusan del más débil, o ser víctima de acoso y quedarse calladito esperando a que se aburran de uno y me dejen en paz por el resto del día.

En resumen, podría decir que el abuso de la libertad de expresión es un mal necesario que viene con la responsabilidad que conlleva, y es cosa de educación su buen o mal uso que le demos. Tristemente, como Idiocracy lo ilustra, los deprivados de inteligencia son los que se reproducen en mayor número a gran velocidad.



(Esto lo redacté a raíz de las cosas horribles que leí en la página del periódico local sobre el suicidio de mi vecino y también por una que otra opinión horrible que me he encontrado en Internet sobre el suicidio de una personalidad del medio que yo respetaba mucho)

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