Salir de casa me ha relajado sobremanera. Lucir las gafas de sol nuevas (por fin de óptica, mis ojos lo agradecen), vestir un color alegre (verde), y recorrer largas distancias a lugares opuestos a mis rutas usuales de trabajo fueron un cambio a mi rutina que mi mente agradece a pesar de que solo se trata de un solo día de descanso. Pero vaya que he aprendido a apreciar días de éstos ahora que las vacaciones son inexistentes para mí.
En otras noticias, el Negrito aquí les presume su nuevo look. Desde que regresó de con el veterinario no se le ha quitado lo volado ahora que el calor no le es tan agobiante:
Mañana vuelvo a mi ritmo usual diario. Pero el pequeño break ha hecho un mar de diferencia. Esta vez sí que lo puedo sentir.
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