miércoles, 1 de mayo de 2013

El rancho a todos nos deja huella de por vida

Anoche me desvelé a causa de cambios de última hora en la agenda de trabajo. Tenía qué rendir mi informe administrativo un día antes de lo usual debido al día inhábil, sumado a los papeles que corresponden al fin de mes y una irregularidad que me pidieron los jefes de más arriba verificar.
Llegué rendido a casa después de luchar por mantenerme lúcido en las oficinas y apenas hace una hora desperté; es como en mi época de interno, que después de una larga jornada de 36 horas, dormía por un largo tiempo en mi departamento con las cortinas cerradas para recobrar fuerzas, y despertar por la noche como vampiro a lavar mi ropa sucia, prepararme sandwiches tostados de atún y revisar pendientes antes de volver a dormir (porque a final de cuentas debía presentarme temprano a trabajar otra vez).
Lo único que recuerdo haber soñado esta vez, fue que tenía muchos animalitos conmigo, principalmente perros y gatos. No era algo alarmante porque en total eran 8 amiguitos, pero para poder atenderlos bien a todos por igual vivía en un terreno de campo a las afueras de la ciudad para que pudieran correr libres por donde ellos quisieran, ladraran y maullaran a gusto, cazaran alimañas sin el reproche de nadie. Tal vez en esa realidad podía escuchar mi música libremente, salir a mirar las estrellas, estudiar tranquilo y volver siempre del trabajo sabiendo que ese pequeño paraíso me esperaba.


Tal vez debo tomar nota, que no suena muy descabellada la idea.

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