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| La manzana de la discordia. |
Antes de abrir esta Caja de Pandora, debo aclarar que acepto ser apenas un mocoso imberbe que apenas lleva dos años ejerciendo su carrera, que desgraciadamente la he llegado a cagar en algunas ocasiones con mis pacientes, y que también tengo el defecto de que a veces (aunque procuro que no sea tan seguido) con tal de no admitir mis limitaciones de conocimiento he tenido que aventarme choros mareadores con tal de que mi diagnóstico sea aceptado por un paciente de trato difícil. Está mal, es una falta de respeto a mis maestros y mis pacientes, y por ello cada que he incurrido en fallas a mi deber, me he sentido obligado de abrir de nuevo los libros, pedir consejo a compañeros, y de referir a mis pacientes con gente más digna de su confianza. Ni soy un médico de las mil maravillas, ni me tildo a mí mismo de no pecador.
Ahora que eso queda aclarado, pasemos a los chingadazos: me caga mi gremio. Desde el primer año de la escuela hasta la fecha, no puedo evitar mover los ojos a los cielos cada que veo a un cabrón de esos pasearse por las calles en bata blanca, o presumir a sus amistades o familiares en las reuniones de que él/ella "salva vidas" nomás para dizque apañarlos a todos. Yo creo que por culpa de esa falacia de "salvar vidas", las distintas sociedades donde los médicos hemos existido en la historia del hombre en este mundo hemos sido ejecutados, encarcelados, humillados, mutilados o desterrados al fracasar en dicha proesa.
Por crear ese mito tan absurdo de que nosotros poseemos el poder de los Dioses gracias a Esculapio o cualquier otra figura mítica que se les ocurra, nosotros nos atrevimos a ser algo más que hombres libres y esclavos sin amo mantenidos por la sociedad a la que servimos, aspiramos a ser lo más cercano a Señores Feudales si no es que Dioses sobre la tierra vendiendo esa premisa absurda con la que impresionabamos a los campesinos y supersticiosos. La expectativa que nosotros mismos creamos a nuestro alrededor fue la soga que solitos nos pusimos en el cuello.
Nuestra prepotencia, nuestra necedad en que somos los poseedores de todo conocimiento, las ínfulas de que por derecho debemos pertenecer a la parte más alta de las castas, y nuestra explotación siniestra de la tanatofobia de la humanidad hacia un hecho tan natural y neutral como la muerte haciéndonos pasar por sus salvadores son la causa del desprecio de la gente letrada e iletrada por igual.
¿Y todavía tenemos el descaro de reclamarle a la sociedad con pendejadas de esas que circulan por correo y Facebook? No exculpo tampoco a la gente, que espera que a cambio de miserias de pago los tratemos como reyes y hagamos todo lo que nos piden; pero creo que hay qué hacer un poquito de memoria y afrontar los hechos sin culear.
Yo por eso insisto que no salvamos gente: manipulamos la naturaleza para prolongar la vida hasta donde eticamente (otra cosa digna de debate) es permisible...eso y también aconsejamos, educamos, ayudamos y consolamos. Esas últimas creo que nadie nunca las toma en cuenta porque ya casi nadie las lleva a cabo.
Pffft, en fin. Ya me desahogué del disgusto que me dí al leer las peleas pendejas de Internet acerca del tema.

3 comentarios:
Pues es una buena catarsis y un muy buen acto de humildad.
Ojalá mi neurólogo te leyera :(
Es otra manera de ver el gremio de los médicos, y más porque yo tengo dos en la familia que cumplen uno que otro punto de los que mencionas.
Saludos!!
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