Quiero pensar que aparte de que mi noviazgo no tuvo mucho tiempo de duración, lo que me ayuda es que a diferencia de años pasados ya tengo más de un soporte para estabilizar mi mente y canalizar mi energía a metas más constructivas.
Por ejemplo, hoy tuve doble jornada de trabajo en la que tuve oportunidad de dar una plática-taller a más de 40 personas, una ronda breve de consultas médicas antes y después a población abierta, y en la tarde después de una deliciosa comida en compañía de mi familia en casa me fuí a uno de mis internados de niños con ese lindo botón de oso prendido a la camisa y mi cama de clavos de acrílico de juguete para armar unos tres expedientes. Cerca de ocho horas de trabajo en total de hablar con personas, darme el tiempo de explicar el por qué de las cosas, orientar hacia soluciones y alternativas, ir conociendo a fondo a mis pacientitos más frecuentes y de jugar un poco con las palabras o mis instrumentos de trabajo para inspirar la confianza que me gusta que todos me tengan frente a frente.
De todas las cosas bonitas que ví y me tocó hacer, la que se llevó el premio fue una nena con autismo de grado leve que durante su chequeo jugaba con el botón, el estetoscopio y hasta mi cuaderno de apuntes y que a todas mis preguntas me respondía sin dificultad.
Ya saliendo tarde y todavía con la notificación de mi entrenador de que no podría hacer acto de presencia, me dí mi tiempo para llegar a casa. Siendo que tenía tiempo extra a mi disposición, saqué mis ramilletes secos de Gordolobo y mis hojas de eucalipto, y me puse a desmenuzar y recortar para guardar mis hierbas medicinales preciosas en ziplocks para hacer más espacio en la alacena y facilitar la preparación de mi té antialergias ante las prisas de la mañana.
No tenía idea de lo peludos que podían ser los tallos de la flor de Gordolobo, así que ya se imaginarán como quedó la mesa después de media hora de arrancar brote por brote y encima pasarlos a mano a las bolsas de plástico al tiempo que tenía que desenredar los tallos; el Eucalipto fue otra historia ya que las horas eran más faciles de cortar y encima recortar.
Además de que me relajó, ví contento cómo mi colección de tés creció abarcando tés de supermercado, mezclas occidentales exóticas (regalo de cumpleaños de "Regina" en su visita más reciente a la ciudad), hojas secas de té chinas, y ahora hierbas secas de mi mercado popular local más cercano.
En este momento que siento que el día está tocando su fin, concluyo que siempre sin importar lo que pase puedo contar con mi familia, mis amigos, las alegrías que mi profesión me provee donde sea que trabaje, y el placer que los gustos más sencillos y la naturaleza me pueden brindar.
1 comentario:
Vaya que curiosa colección, pero esas bolsas con hojitas podrían meterte en problemas! Jajaja hace años cuando estaba en mi primer trabajo tuve que hacer reducciones para un bebe, digoxina e isorbide , tuve que dividir las tabletas en 10 partes, se me ocurrió hacer aquella tarea en casa pues tenía todo el equipo necesario para pesar con precisión y los envolvía en chartulas cuando regrese al día siguiente con las chartulas el carro en el que viajaba fue detenido por la policía y lo primero que pensé es que si veían el contenido de mi mochila no me iban a creer que era digoxina e isorbide jajaja Que bueno que entregarte a tu carrera te permite mantenerte despejado!! Un fuerte abrazo!
Publicar un comentario