lunes, 11 de febrero de 2013

De pureza y la perversión del conocimiento



Ha pasado ya un ratito desde mi última entrada, y es que la razón de ello aparte de los pequeños detalles de la vida, es que en la última semana me dediqué a hacer tormenta de ideas, dibujos, diagramas, coloreo y demás labores manuales para una misión que esperé con ansias por mucho tiempo, pero que al final me dejó con un amargo sabor de boca.

Hace dos meses, en una de mis beneficencias tras dar una plática de salud a sus niños y adolescentes, los últimos por unanimidad me pidieron que el siguiente tema a tratar fuera sobre sexualidad. No había ningun problema por parte del representante y "papá" de los chamacos; desde entonces me dediqué a leer distintas bibliografías didácticas sobre cómo estructurar adecuadamente la lección acorde a los grupos de edades, mesurarme en detalles, hacer memoria de cuáles eran mis inquietudes en aquellos años, retomar ideas originales de quienes a mí me impartieron las clases, anotar en un cuaderno mi lluvia de ideas para ir dándole una forma funcional, cazar en internet imágenes complementarias, decorativas e ilustrativas en el sentido académico, y ya en las etapas finales aterrizar todo ese trabajo duro en unos humildes rotafolios de papel bond (9 en total, con casi nada de texto).

Finalmente llega el día señalado en mi calendario, y al llegar me llevo la desagradable sorpresa inicial de que solo 6 de mis 20 oyentes originales estaban presentes, pues los demás estaban encerrados en sus cuartos porque iba a tratar un tema "muy fuerte". Trato de romper el hielo pidiendo a los muchachos que me dieran nombres alternativos de cada parte del cuerpo hasta finalmente llegar a los genitales, y me topo con que ni para darme nombres de la cabeza se animaban. Y cuál es mi horror al pasarlos al frente a que me den el nombre de la parte del cuerpo que yo señalaba en los dibujos, me doy cuenta que esa parte esta totalmente en ceros.
Me sentí algo tenso porque a diferencia de la otra vez, estaban demasiado callados y acabé dando lo que más odio: una cátedra.

Lo que al final salvó mi visita fue mi dinámica final del día: un buzón anónimo de dudas. Me preguntaron qué era la sexualidad (que para colmo la había definido al principio en lenguaje simple), qué era "esa basurita blanca" que se formaba todos los días en su pene (no es posible que no les dijeran qué es el smegma), como se formaban los gemelos y demas formas de embarazo multiple (pregunta hecha abiertamente por el mismo señor representante a sus 50 años, aunque no sé si fue una duda legítima o para beneficio de los muchachos), y cuándo era el momento correcto para tener relaciones (cosa que les habia planteado en la platica antes de hacer espacio para preguntas y respuestas, pero como quiera lo repetí: cuando se tiene dinero para mantener un niño, una pareja con la que sí te gustaría casarte en el futuro cercano y cuando se tiene un método anticonceptivo dominado). Gracias a esto, fue posible que se animaran a externar mas inquietudes en voz alta y ahora sí enseñar el tema como yo quería.

De nuevo estaba de buen ánimo, pero justo al momento de despedirme y prometerles el tema de métodos anticonceptivos para la siguiente semana noté algo en la expresión del representante. Disimuladamente y en voz baja platiqué con él, y al final con todo tacto le pregunté si había algo en mi tema que lo había inquietado o molestado: no, con todo y que expliqué bien la parte del coito sin la frialdad de los libros de ciencias naturales o biología (pero con mucho respeto), las distintas situaciones que constituyen una violación sexual (incluí el uso de alcohol y drogas, para que los varones le temieran a la cárcel al saber que la inclusión de sustancias intoxicantes tiene consecuencias graves en nuestro Estado), las preferencias sexuales y formas de identidad sexual (abogué por el respeto a los demás grupos no heterosexuales y a las identidades transexuales), lo único que le preocupaba era que tenía en mente darles un taller del uso correcto del condón y demás anticonceptivos porque la visión de la beneficencia (cristiana, por cierto) era que los muchachos debían mantenerse "puros" hasta llegado el matrimonio.

Aguantándome las ganas de explotar ahí mero, con mucha paciencia le dije que entendía sus temores y que mi intención no era transgredir. De la forma más diplomática posible le expliqué que siendo congruente con mi respuesta a la pregunta de cuándo era bueno tener relaciones sexuales, yo no estaba incitando o condonando las relaciones sexuales en la adolescencia, sino que basado en mis experiencias como médico de encontrar mucha ignorancia en cuanto al uso, difusión y efectividad del condón como método anticonceptivo y de prevención de enfermedades de transmisión sexual, era mi deber y obligación enseñarles desde jóvenes los errores más comunes para que no los llegaran a cometer una vez llegado el momento; que a final de cuentas todo eso pasa porque ni los médicos, las enfermeras o la gente que aboga por ellos en la tele no se animan a sacarlo del empaque y enseñar paso a paso con un plátano o pepino cómo funciona por temor a causar reacciones o condenas de vulgaridad (qué país más absurdo el nuestro). Me dió la razón en ese sentido, pero al ver todavía algo de reserva, le propuse que lo meditara hasta el miércoles, y que le llamaría para pedirle su decisión final: si no aceptaba, yo respetaría su decisión y me avocaría exclusivamente a métodos naturales no hormonales o mecánicos.
Quería argumentarle también que no estaba justificado guardarnos la información teniendo él entre sus muchachos a tres chicas con niños en brazos, pero sentí que eso hubiese sido un golpe bajo.

Yo respeto los credos de otros, pero eso no quita cuánto me asquea la persistencia de la idea de que la información abre las puertas a la promiscuidad, estilos de vida reprobables y la lejanía de Dios, justo como Adán y Eva que al comer del fruto prohibido del Árbol del Conocimiento por libre albedrío fueron tachados de pecadores primordiales y proscritos por elegir ser algo más que sólo animalitos conformes con su sola existencia.


Espero y el señor recapacite y me deje dar el taller completo, aunque estoy seguro que a todos les encantará que les enseñe cómo hacer pulseritas de calendario de ciclo menstrual con marcaje de días fértiles :D

4 comentarios:

la MaLquEridA dijo...

Me es muy difícil creer que haya gente tan cerrada e ignorante, a estas alturas el país debiera estar muy avanzado pero seguimos creyendo en figuras de yeso lamentablemente y cerramos los ojos a una realidad por demás obvia.

Alexander Strauffon dijo...

Aún a pesar de ese revés y dificultades con la gente, te felicito por haberte esmerado en el asunto. Hace ya años me tocó dar pláticas de sexualidad también; ocurrió lo mismo, los peros y golpes de pecho ante temas como el condón, por mencionar uno de muchos.

TeReSa dijo...

Lo peor del caso es que los chamacos a veces se la dan de muy sabihondos sobre sexo (que ya se les pare o menstruen es otra cosa) y en su misma hipocresía no aceptan la ignorancia natural a lo que signfica sexualidad, anticoncepción, erotismo, procreación, etc...

Ojalá por su propio beneficio de la asociación brinquen las trancas y dejen de tener un pie en la Edad Media.

Salu2!!

Gary Rivera dijo...

Que maravillosa oportunidad para enseñar y que pena que no los supieran aprovechar, yo no creo haber tenido suficiente paciencia, yo cuando he hablado de aquello, soy lo mas grafico y detallista posible (sin llegar a caer en lo pornografico) pero creo que es mejor que se enteren de las cosas asi. Tambien me he topado con las restricciones que plantea la iglesia catolica, pero tuve la suerte de encontrar a seminaristas del siglo xxi que me ayudaron en mi tarea. Ojala te decidan seguir con la charla de la manera que tu la planteas!