De todas las beneficencias que visito, hay una que guarda un lugar muy especial en mi corazón porque veo con mis propios ojos el alcance del amor y la buena fé de muchos voluntarios que dedican todos los días a preparar alimento para los enfermos y transportarlo hasta sus hogares, además de ofrecerles un techo bajo el cual se reúnen a compartir sus penas y unir sus pensamientos en oración.
Cada que veo el retrato de su fundador, el noble Padre Manuelito, no puedo evitar conmoverme de pensar que todo eso fue posible por la voluntad de hacer las cosas de un solo hombre que sigue presente en espíritu.
1 comentario:
Honor a quien honor merece.
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