Me puso tan contento ver sus caritas cuando les entregaba la fruta en sus manos, que no solo me hicieron olvidarme del hambre tan visible que tenían aquella vez, sino que además me ayudaron a darle vuelta a la página del asunto feo del sábado por la noche.
Mañana iré a otro, y esta vez llevaré mandarinas con la esperanza de inculcarle a éstos chiquitos no sólo el valor de una buena alimentación, sino que además hay cosas más sabrosas y buenas al cuerpo que un dulce de los que anuncia la tele.
Cositas como éstas me llenan de esperanzas.
2 comentarios:
Me da gusto que seas consciente con ellos. :)
Muy buena idea! Fomentar una alimentación adecuada en los niños es muy importante! Yo siempre pensé que había algo “malo” cuando el odontólogo me premiaba con un caramelo cuando me portaba bien durante la consulta.
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