Siendo viuda, sin hijos y viviendo en una de esa colonias donde la gente está impuesta a someterse a la voluntad de salvajes malvivientes, la idea de denunciar y buscar indemnización le era absurda; ante la mala leche de sus vecinos y vagos del lugar que se metían al inmueble dañado a hurtar objetos y la caridad de otros para con ella, se ha visto en la necesidad de pasar noches frías ahí mismo sin asearse, sin cambiarse de ropa y pasando la mayoría de las horas en vigilia, esperando encontrar in fraganti a algún indeseable.
Hay detalles en esta historia que me hacen en lo personal cuestionarme si realmente hubo un tercero involucrado, si esta mujer está en sus cinco sentidos (porque no sé si es la ira lo que la hacía una persona difícil de tratar o si tendrá algún trastorno) o que no haya buscado con la institución a la que asisto ayuda legal (que la proporciona abiertamente). Pero para hacer corta la historia de hoy: le dije las cosas con todo tacto posible sobre las medidas de higiene, le dí su receta para tratamiento y le deseé de corazón que tuviera la sabiduría para saber hasta qué punto luchar y cuándo seguir adelante sin mirar atrás.
Ciertos o no estos hechos, me hicieron reflexionar en todo el día de hoy acerca de las cosas por las cuales estamos dispuestos a pelear, al grado de ponernos testarudos: un hogar en el cual crecimos, amamos, nos refugiamos y tenemos la entera libertad de reír o llorar, mas a final de cuentas es solo una pieza de arquitectura que no durará para siempre; una posición laboral o social, que si bien proporcionan mayores facilidades, reconocimiento y responsabilidades que alimentan el ego, no son tampoco el único camino a la felicidad; incluso personas, que independientemente del bien o el mal que me hayan hecho en vida, son también individuos con el mismo derecho a vivir que yo (excepto claro los violadores, secuestradores y drogo-matones, que para mí distan de ser seres humanos y por tanto se les debería matar como animales de rastro), que se les respeten sus decisiones, creencias, miedos, gustos e ideales por más que contrarien los míos.
Por fortuna yo ya hace un rato decidí dejar atrás mis viejas ruinas y ser feliz nuevamente por mis propios medios, pero también he de admitir que olvidar sin duda es la tarea más difícil de todas. Tal vez es mejor así para no volver a cometer los mismos errores del ayer.
3 comentarios:
Yo creo que esa señora estaba mal de la cabeza.
El olvido no cura, se esconde en las entrañas para saltar en el momento justo y volver a doler.
La eterna decisión de la que se forma el carácter, entregar lo más valioso que tenemos: la vida o la libertad.
Salu2!
Pobre mujer, espero la policía le de la ayuda que necesita, debe ser difícil estar en su situación. Yo creo que lo correcto es perdonar , pero no olvidar. Yo creo que toda vida debe respetarse, incluso la de estos salvajes como los violadores, asesino, deben ser apartados de la sociedad, pero no estoy muy de acuerdo con que se les mate. cometer los mismos errores del ayer.
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