domingo, 25 de noviembre de 2012

Yoko Kanno feat. Joyce - Run, Wolf Warrior, Run







Run, wolf warrior, to ends eternal
Through the wreckage of the death of the day
Scent of silence under starlight spinning
A captured beast within a human skin

Are you searching for long lost landscapes
Lit by flowers and crystal cascades?
Where the lamb lies down with the lion
Where the wolf is one with the wild

Run, wolf warrior, through kingdoms' chaos
Senseless cities and ghost towns towering
Howl, O hunter, though few know you're crying
Face upturned into that midnight moon

Are you hunting for mystic mountains
Where the air is like liquid laughter?
Where the beasts inherit the earth
Where the last again will be first

Run, wolf warrior, to hide your hunger
The rain will wash away the pains of the day
In your eyes there are cold fires burning
Tongues of flame that can never be tamed

Are you running from Man's delusion
Majestic madness and your exclusion
To where the lamb lies down with the lion

Are you running down ancient pathways
Through this dark and deserted land
To where man is once more a child

Are you running to freedom's fortress
By the side of wide open seas
Where the wolf is one with the wild

Run, run, run...

Run, run, run, run, run, run on, run on through the rain...





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Hoy casualmente me topé con esta canción después de casi ocho años de no haberla vuelto a escuchar. En aquellos días me parecía bonita para ser música de estilo folklórico (que entonces para mí no era más que música de hippies), pero el día de hoy me llevó a un momento mágico de mi pasado.

Ya antes había tenido la oportunidad de acampar o pasar fines de semana con mi familia fuera de casa en el área rural vecina a mi municipio, a lo más había vacacionado hasta la Sierra de Durango; naturalmente de niño no podía apreciar de lleno la tranquilidad de una zona lejos de las luces, el ruido y la molestia de tener qué quedar bien con otras personas para poder sobrevivir. Sin embargo hace dos años que viajé a un lugar distante a varias horas de distancia de mi hogar para prestar mi servicio social como uno de los requisitos finales de mi título, tuve una nueva oportunidad.

Por razones obvias no mencionaré ni el nombre ni la localización, pero al principio cuando yo elegí ese destino en la repartición de plazas no sabía si alegrarme o sentirme avergonzado, pues cuando le conté a mis amistades de otras ciudades aledañas ellos me contaban que era el lugar más alejado, aburrido y carente de recursos, me preguntaban incluso qué había hecho yo para merecer semejante castigo, si fuí el último de los turnos y solo me quedó esa opción, o si me hicieron tonto en la elección de plazas. No importaba: estaba hecho y lo más importante era no retractarme y hacer lo mejor que estuviera en mis manos para salir bien ese año en aquel poblado pequeño de 120 habitantes donde ni había cableado eléctrico (pero sí celdas solares), señal de celular, mini supers, pavimento, tuberías de agua o drenaje.

No solamente trabajé de manera ordenada, bajo protocolo, con buen manejo de mi escaso presupuesto mensual monetario para sobrevivir y manteniendo todo bajo control, sino que terminé enamorándome del lugar (mas no de su gente...cabrones) que a pesar de estar rodeado en su mayoría de arena, tierra y maleza, también había fauna salvaje de la cual debía cuidarme desde insectos (uno me dejó una roncha que no cicatrizó en todo un año), serpientes de cascabel, aves de rapiña, osos, coyotes, pumas y venados de cola blanca provenientes de las montañas aledañas (boscosas y frías, ideales para acampar); una variedad enorme de plantas y árboles desérticos bajo cuya sombra nunca antes me había resguardado; dos pequeños estanques donde las ranas se procreaban, los patos que migraban desde el Norte hacían escala, y al llegar el invierno se congelaba cual pista de hielo; manadas de ganado caprino (¡los weyes esos son vaciladores como los perros!), bovino, equino y asnos (los dos últimos son especialmente peligrosos de noche en verano...épocas de celo y peleas por la supremacía); ventarrones tan potentes que podían elevar kilos de tierra a más de 50 metros de altura; lluvias que aunque escasas eran prolongadas y dejaban una estela de arcoiris e infinidad de insectos y animales que cantaban al unísono al caer de noche; y por último y no menos importante, noches estrelladas con muchas estrellas fugaces que me entretenían más que una radio o mis libros, cuyos cielos no podía dejar de ver hasta pasada la media noche cuando mis ojos se cansaban y la lógica me decía que si no descansaba despertaría tarde para dar consulta.

Si a este hermoso escenario le agregaba que la basura que generaba cada vez era menos y cuidaba muy bien  la clase de productos que consumía (porque tenía que incinerarla, y pues no es nada bueno dejar residuos más tóxicos de lo esperado), y que aprendí a moderar mi consumo de agua en cosas simples como mi aseo diario, la limpieza de mi clínica (siempre impecable a pesar de estar enmedio del desierto) o mi fosa séptica, contaba con una perrita que me hacía compañía diario y le compartía de mi comida, quien a cambio escuchaba mis berrinches y monólogos haciendo de cuenta que me entendía y que cada que salía a pasear en las afueras del pueblo, los estanques o las cercanías del monte, ella siempre me seguía el paso brincando de lo lindo sin una correa que le quitara su libertad o la mía.

Un año entero formé parte de algo más grande que yo, algo que creí que en mi vida iba a sentir o ver con mis propios ojos, y que de darse la oportunidad lo volvería a experimentar.
Y ahora que estoy ganando algo de independencia económica, espero pronto comenzar a acampar por mi cuenta o hacer algo de ecoturismo...¿y por qué no?: más adelante construir en ese solitario lugar una casita de adobe donde de vez en cuando pueda escaparme de la ciudad y tener mi pedacito de Paraíso.


Cada día la música de mi gusto dispara recuerdos más elaborados...pero todos bonitos.


2 comentarios:

Gary Rivera dijo...

esta muy buena la cancion!

No la habia escuchado antes! va para micel!

Aseret dijo...

A veces menospreciamos lugares así, pero con un poco de trabajo diario, libros y agua, son el paraíso.

(Recién llego de un pueblito de la sierra sinaloense)