Hoy el pequeño Tomás sí andaba de humor para convivir conmigo saliendo del gym, y según parece al condenado le gustó tanto la aspereza del guante, que ahí me tuvo media hora haciéndole piojito al muy desvergonzado.
Otra vez me llenó todo de pelos: creo que ya me marcó como su máquina dispensadora de rascado...
No hay comentarios:
Publicar un comentario