sábado, 4 de agosto de 2012

Un post totalmente ajeno a las Olimpiadas


Ya en otros tiempos y de muy distintas formas he emprendido jornadas para que mi cuerpo y yo nos olvidaramos momentaneamente de nuestras diferencias y trabajaramos en conjunto como era debido. Dos o tres veces fueron las que nos acercamos bastante a la meta hasta que mi inconstancia o caprichos volvieran a distanciarnos, generando este horrible sentimiento de desconfianza que al final nos estaba perjudicando de una u otra forma.

Cuando era invierno, y vi que en cosa de dos o tres meses habia subido los kilos que con tanto esmero baje en un año de servicio social, el solo hecho de sentir y ver por mi mismo que mi irresponsabilidad me llevo incluso superar mi peso original era una clara señal de que el tiempo se estaba acabando. Si no hacia nada ahora, tal vez en menos de cinco años iba a tener mi primer infarto.

Basta de excusas, basta de distractores, basta de miedos. Era el momento de tragarme mi orgullo, hacer caso omiso a opiniones desacertadas que sabia a ciencia cierta que eran otras formas de negacion, y buscar la ayuda que requeria...en otras palabras portarme como el medico que soy y tratar mi trastorno como una enfermedad y no solo una chingadera que con cerrar la boca se solucionaba solita.

El primer paso era buscar un lugar que me acomodara para reanudar la actividad fisica que tanto me hacia falta, y el segundo era buscar a un profesional de la nutricion para atacar el problema desde dos angulos distintos...y si era necesario tambien acudir con un profesional de la salud mental y un internista; despues de todo el año pasado me habia llevado el susto de haber tenido cifras de TA elevadas, las cuales solitas se corrigieron con dieta hiposodica y ejercicio cardiovascular, no obstante eso no quitaba que era una persona muy susceptible a esos padecimientos.

Aun estaba a tiempo a pesar de que mi metabolismo ya estaba comenzando su proceso de decadencia natural, me tomaria mas tiempo que las otras veces, pero con que lograra bajar minimo cinco kilos mi cuerpo comenzaria a sentir un alivio inmenso que me alejaria poco a poco de un pronostico sombrio. Al final se determino que solo era necesario el seguimiento de un entrenador fisico y una dieta personalizada con citas semanales para poder ir marcando la pauta a seguir, asi como para resprender habitos y reconciliarme con mi soma.

Ya han pasado siete meses, y no ha habido semana en la que no sienta cambios en mi cuerpo o en mi personalidad. Levantarme de la cama, salir a caminar, vestirme de cierta forma o incluso verme al espejo ya no representan ningun reto para mi, y aunque aun falta mucho, el haberme deshecho de veinte kilogramos y reducido varias tallas de ropa (ya no tengo que buscar prendas con los vecinos del norte) son quizas mi primer gran logro de este año que aun sigue en desarrollo, y que en parte me da la seguridad que tanto necesito estos dias de contemplacion.

Hoy ya no puedo hablar de mi cuerpo como una entidad distinta porque reaprendi a quererlo y respetarlo, cuidarlo por amor propio e incluso me siento orgulloso de todas sus cualidades, faltas y defectos. No me ha sabido fallar en siete meses de arduo entrenamiento y de sesiones de estudio, y a pesar de dos o tres retrasos en nuestro camino hacia el exito nunca nos hemos detenido ante la adversidad.

Habia olvidado lo bien que se siente no odiarme a mi mismo.

No hay comentarios: