lunes, 30 de julio de 2012

El carrusel en el que mama me acompañaba, y la banca donde solia abrazarte


Comprando la cena, mis viejos y yo pasamos por un parque publico muy iconico de la ciudad donde todos los dias del año hay puestos de comida, juegos mecanicos o tradicionales asi como ambulantes de todos los tipos, donde gente de todas las edades tiene para escoger desde diversion sana y sencilla, un lugar tranquilo para pasar el rato, un buen punto de reunion o incluso un lugar para amarse en silencio con las reservas que ameritan los demas asistentes.

Este lugar ha jugado un papel muy importante en mi vida desde niño hasta joven, sin importar lo sencillo que es o como algunas personas lo llegan a tachar como un sitio de la chusma. Una parte de mi corazon siempre permanecera en ese parque sin importar que tan lejos me vaya de aqui o cuanto tiempo transcurra entre cada una de mis visitas.

No obstante, mi breve recuento de risas, encuentros y desencuentros se vio interrumpido cuando note la presencia de soldados armados pelando muy bien los ojos en lo que saboreaban un rico elote, atentos a cualquier movimiento o elemento fuera de lugar entre todas esas familias que buscaban un refugio para la locura que nos azota hoy dia a todos por igual.

Fue en ese momento que los tres nos dimos cuenta de lo lejanos que ya se sienten esos dias felices en los que no nos cruzaba por la mente cuidarnos de una granada saliendo a la calle, o en los que podiamos salir todos juntos como familia a disfrutar de todas las cosas buenas que nos podia ofrecer ese sitio magico o cualquier otra parte de la ciudad.


A veces me pregunto si esta gente que supuestamente se beneficia de nuestro miedo tambien vera con la misma nostalgia aquellos dias felices.

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