Llegaste como un rayo deslumbrante de luz
Yo andaba por el mundo sin amor o quietud
Mis ansias ya se habían refugiado
Entre las ruinas de mi pasado
Traías en tus ojos en tus labios, tu voz
La cálida promesa de un destino mejor
Tus manos y mis manos se encontraron
Y nuevamente palpitó mi corazón
Tú, con la magia de tu amor y tu bondad
Tú me enseñaste a sonreír y a perdonar
De hecho era un grito de rencor
En el trágico final de mi desesperación
¿Ves?, todo aquello se esfumó
Como brumas en el mar
Al llegar la luz del sol
Tú, milagrosa musiquita de cristal
Tú me enseñaste a sonreír y a perdonar
Qué tristes eran todos mis momentos sin tí
Me ahogaba en la tortura de rodar sin morir
Cansada de mis penas y mi hastío
Y de esos viejos recuerdos míos
Tus besos, tu ternura, tu emoción y tu fé
Hicieron el milagro de borrar el ayer
Aquel lejano ayer ensombrecido
Que nunca, nunca, nunca más ha de volver
Tú, con la magia de tu amor y tu bondad
Tú me enseñaste a sonreír y a perdonar
De hecho era un grito de rencor
En el trágico final de mi desesperación
¿Ves?, todo aquello se esfumó
Como brumas en el mar
Al llegar la luz del sol
Tú, milagrosa musiquita de cristal
Tú me enseñaste a sonreír y a perdonar
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Creo que la experiencia misma me enseñó que no yace en otra persona la cura de viejas heridas y el reencuentro con las cosas bellas de la vida, sino en el paso del tiempo, la paciencia y el amor propio.
Tal vez aún no conozco el modo de perdonar, pero sí que he aprendido a agarrarle sabor a cada día de la vida muy a pesar de mi horrenda tendencia de quejarme de todo siempre.
Oh, Vanesa (sí, la misma del ending de Silent Hill, es cantante profesional y vaya que es sorprendente su currículum), me cae que llegaste para quedarte en la memoria musical de muchos.
Es una pena que no recibas el reconocimiento que mereces. Si Tanguera vuelve a la ciudad, cuenta con mi presencia.

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