jueves, 14 de junio de 2012

Hoy saliendo de una de mis diligencias, me topé con don Andrés, un taxista que en más de una ocasión me ofreció su servicio de transporte en mis días de estudiante en mi vieja Facultad ya fuera para moverme a casa o para echarme la mano con movilización a otros asuntos siempre acompañado. Había pasado más de un año desde la última vez que coincidimos; muy atento como siempre.


Platicando me acordé de aquella época que me hice el propósito de olvidar. Mañana habré olvidado de nuevo.

2 comentarios:

Alexander Strauffon dijo...

Ah sí, uno a veces hace amistad fugaz con gente, en este caso los taxistas. Y aprendes de sus experiencias, inclusive.

Antes de comprar mi carro, los de la base de taxis del lugar donde vivo ya me conocían (a cada rato los necesitaba, para no llegar tarde).

Eduardo Cabreado dijo...

Oh sí, los weyes son bien chidos. Fue grato el reencuentro, pero lo malo es que al acordarme de él también me acordé de personas en ese entonces cernanas que no me son gratas hoy día.

Lo bueno es que el coraje del recuerdo se fue de volada.