domingo, 10 de junio de 2012

Cuando en un amigo de verdad lo encuentras todo

Acabo de regresar de un nuevo Domingo Social; esta vez el turno fué para una de mis amistades más añejas y duraderas (ya poco más de diez años de historia), con todo y retoño acompañante. Hablo por supuesto de la ya ausente de la blogósfera "Regina".

Facil ya han transcurrido 6 meses desde la última vez que nos pudimos ver (yo por mi trabajo y estudios, ella por la sede donde trabaja, bastante lejos de aquí), y como es costumbre nada cambia por más que los años nos caigan encima; sí, yo ya tengo más canas, ella tiene qué tomar sus hipolipemiantes, y ambos vemos con envidia a su engendro comer postres sin consecuencia metabólica alguna mientras nosotros nos tenemos qué preocupar más por lo que ingerimos en el restaurante, pero muy en el fondo jamás hemos dejado de ser ese par de adolescentes freaks que discuten pendejada y media a gusto.

Particularmente nuestra amistad tiene un lugar muy privilegiado, porque nos conocimos en el momento preciso y de la forma menos habitual. Yo estaba comenzando a sentirme solo al ver cómo mis amigos de toda la niñez estaban comenzando a guardar distancias ahora que se iban a distintas escuelas, y ella por otro lado estaba a punto de pasar por una etapa de transición seria que justamente le demandaría familia y amigos que no le dieran la espalda y la apoyaran de forma incondicional.

Nunca han faltado personas que vieran nuestra amistad con suspicacia por el simple hecho de que fueramos hombre y mujer y estuviéramos en la edad de la punzada, pero el tiempo así como el ir y venir de los compañeros, las parejas y las etapas de la juventud demostraron nuestra solidez, lealtad, la honestidad y limpieza que había en nuestra amistad. Hemos sido confidentes de casi todo lo que nos acontecía, apoyo mutuo en los momentos de triunfo y derrota, y por supuesto que nos jalamos las orejas cuando sentimos que el otro no está pensando con la cabeza y tiene qué detenerse a enfriar sus pensamientos.

Hoy nos dijimos de nuevo hasta pronto. Sabemos que no nos volveremos a ver en algunos meses, tal vez a lo más un año. Pero hemos aprendido juntos que sin importar el transcurso del tiempo, nuestro próximo encuentro se sentirá como de unos cuantos días de ausencia.


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