lunes, 3 de febrero de 2020
Yolanda
martes, 10 de septiembre de 2019
No puedo dormir, no tengo ninguna idea que me esté robando horas de sueño, las gatas no están jodiendo esta vez y Ludym a pesar de que se está moviendo mucho no me está molestando. Ya comí algo y hasta me afeité esos jodidos pelitos que me picaban en la mandíbula. Tengo alergia, no tengo calor, el silencio y el ruido me dan igual, no me apura desvelarme al estar todavía de vacaciones, no es opción jugar a algo, no me apetece ver porquerías y ya interactué lo necesario en Twitter.
Chingado, en momentos como estos quisiera volver a tener pesadillas para escribir sobre cosas más interesantes.
Qué regreso tan triunfal al blog.
miércoles, 21 de agosto de 2019
Mil años después...
Ayer me nació dejar un comentario en el blog del respetable Profesor Luis Azpe Pico en una entrada dedicada a sus tan célebres lecciones de etimología grecorromanas, y tras dos años de haber dejado mi último texto en esta vieja bitácora, releí el blog y recordé cuánto me llenaba dedicar unos minutos a una reflexión muy personal y extensa de algún evento en mi vida.
Claro: en Twitter mis ideas llegan más rápido al público, y en Facebook hoy día el intercambio de opiniones es más álgido...pero ninguna de las dos es íntima. Eso era lo que amaba de Blogger, pues era el equivalente de un diario o carta que por azares del destino llegaban a posar ojos distintos a los míos con mi consentimiento y de donde podía nacer una afinidad temática, estilística o directa a mi persona. Y gracias a ese mismo medio hice amigos muy queridos que me han visto crecer desde mis primeros años de universitario hasta mi nueva etapa como esposo y médico especialista.
Pero, ¿qué puedo compartirles en esta época donde en otros lares pueden dar hasta con una foto mía siendo acosado por mis gatas en paños menores a las 11 de la mañana?, ¿qué ideas puedo plasmar en la era de las batallas campales de twits y piolinazos?, ¿me quejaría todos los días de los largas que son las jornadas de consulta externa viendo pasar por mi escritorio señoras cuyas rodillas ya no las aguantan?
Esas fueron las interrogantes que me detuvieron, además de los inconvenientes de funcionalidad de mi tablet y laptop, mi creciente cronopenia que padezco como buen treintón que ya soy, y los cambios vertiginosos que ha tenido vida desde nuestro último intercambio.
Así que, ahí les va una breve reseña.
-En el verano de 2017 me fui de Torreón, Coahuila a hacer mi servicio social de la especialidad a un hermoso pueblo costeño de Tamaulipas por un semestre. Ahí experimenté por primera vez la responsabilidad de ser un médico a la cabeza de un equipo multidisciplinario, la eterna bronca de la falta de recursos, y tener que arreglármelas solo a mitad de la noche con equipo y espacio limitado con urgencias que me rechazan el traslado muy comodamente a kilómetros de distancia en un hospital de ciudad.
-Terminando el servicio, en la primavera del 2018 me mudé al Estado de Chihuahua con mi esposa, dejando a mis padres, hermanos, familia, al Negrito cara wey y amigos de toda la vida en Torreón. Desde entonces han sido contadas las veces que he podido regresar a casa, aprendí a amar una tierra ajena y a terminar mi transformación en adulto funcional al endeudarme por 20 años con una casa y tener qué dividir mi tiempo y quincenas en base a la puta necesidad.
-Desde la Navidad de 2018 nuestro auto 2004 ha sufrido múltiples descomposturas que junto con la inestabilidad laboral de mi mujer nos ha golpeado muy duro en nuestra economía. Aquí es donde inauguro una nueva sección del blog llamada 'Stratus from Hell'.
-Por fin hicimos nuestro sueño realidad, y somos los felices dueños de tres gatas: Calígula, Claudia y Cybel de 5 años, 1 año y 8 meses respectivamente. Tristemente perdimos a dos bebés rescatados a los que con mucho amor llamamos Rómulo y Remo, y descansan en paz en el patio de la casa que rentamos en nuestro primer año de mudanza.
-De momento, nuestro proyecto de convertirnos en padres biológicos está en pausa. Tentativamente lo retomaremos en 2020.
-En este momento estoy en una sala de espera afuera de un quirófano esperando noticias de mi suegro junto a Lucerita Asíntota (nada grave, no se preocupen). Tenemos muchísima hambre.
¿Y qué pasará ahora? Bueh, tal vez no puedo hacer mucho trabajo de edición desde el celular, pero a la mierda: NECESITO volver a escribir para nadie.
Así que ps me tienen de vuelta.
En cuanto tenga chansa quitaré mis adornos chairos del templete, rediseñaré el sitio y les compartiré mis otros espacios de escupidera.
Todavía hay mucho de qué hacer berrinche en esta vida jodida.
Saludos a todos.
martes, 7 de marzo de 2017
Otra Perspectiva
Recientemente, en una pedaleada camino a casa me detuve a contemplar una visión añeja: la primera vez que me dí cuenta de la existencia de esa torre de campanario fue a los 5 años, el primer día de clases en un nuevo Jardín de Niños, a un par de cuadras de distancia de la Iglesia. Mi primera impresión era que esa cruz se veía por mucho más enorme que el crucifijo que adornaba la habitación de mis padres, y el solo pensar en su largo y peso me parecía abrumador y un tanto desconcertante imaginar que de caerse esa cosa seguro iría a aplastar más de una propiedad con gente adentro.
Al percatarme que tenía en su interior escaleras, barandales y hasta una escalera metálica colgante me ponía todavía más nervioso, pues eso ya me sugería que alguien tenía la obligación de treparse a esas alturas para hacer sabe qué trabajo peligroso con el riesgo de caerse y morirse (para entonces fue reciente mi descubrimiento de que era acrofóbico).
Verla de lunes a viernes a la distancia hacía que tuviera sentimientos encontrados de respeto y temor, pues sumado a lo anterior, ese lugar era la casa de Dios según mis mayores, y por ende tal vez me veía desde esa cruz enorme y blanca muy atento a cada una de mis acciones, palabras y pensamientos (seh, lo empeoró el día que a las maestras se les ocurrió llevarnos el Miércoles de Ceniza a una misa conmemorativa y comenzaron las clases de tinte religioso en mi currícula).
La cereza del pastel fue que con cada amanecer y anochecer me hacía más conciente de que las campanadas que escuchaba a lo lejos desde mi casa provenían de ese lugar tan misterioso e imponente, y me preguntaba mucho en mis adentros por qué un sonido tan potente y escabroso tenía qué anunciar el principio y el fin de la noche al igual que en las películas de horror de mi papá también era una señal de mal augurio. Hasta que cumplí los 8 años no terminé de desechar el sentimiento de temor ante aquel sonido que para otros era una convocatoria de fe, esperanza y a veces aburrimiento.
Ahora de adulto puedo apreciarla estéticamente independientemente de mi agnosticismo, sin embargo creo que hasta el último de mis días me será imposible no asociar esa estructura con temores infantiles de un Dios Omnipresente.
viernes, 24 de febrero de 2017
David Bowie - Space Oddity
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| Ilustración de la autoría de Andrew Kolb |
martes, 22 de noviembre de 2016
Cultivando colores en invierno
Pero aquí les tengo la historia detrás de esta foto, que podría ser el símbolo perfecto de las cosas buenas en mi vida que me mantienen a flote.
Ojalá pronto pueda darles más buenas noticias. Los extraño a todos.
jueves, 29 de septiembre de 2016
¿Y esta niña de dónde salió?
miércoles, 14 de septiembre de 2016
Nuevo Proyecto
miércoles, 31 de agosto de 2016
Wedding Time 4 - ¡Que viva los novios!
Espero disfruten el video.






