lunes, 3 de febrero de 2020

Yolanda

El sábado 1 de febrero de 2020, como era de costumbre marqué al celular de mi mamá para ponernos al corriente y darle tranquilidad de que yo estoy bien, así como ella a mí de que todos en Torreón están bien...las cosas no estaban nada bien en casa: mi abuela materna estaba en terapia intensiva.
Esa misma semana, la pobre sufrió una caída en su casa que provocó una fractura de cadera a sus más de ochenta años. Teniendo una valva mecánica en su corazón, dos procedimientos torácicos, habiendo sobrevivido a dos Eventos Vasculares Cerebrales Isquémicos Transitorios, siendo hipertensa y con un grado alto de fragilidad, tenía todos los pronósticos en contra, pero tampoco se le podía hacer un manejo conservador a su lesión. Debía pasar por el quirófano...y ella simplemente ya no tenía fuerzas para recuperarse.
No volví a saber nada sino hasta las 17 horas, que mis padres me llaman para despedirme de ella en altavoz diciéndome que se estaba yendo. Éramos muchos los que debíamos decirle adiós seguramente, así que fuí breve y conciso para darle tiempo a los demás y al equipo médico.
Ludym y yo limpiamos la casa, terminamos de lavar ropa, llamamos a nuestros jefes avisando que nos iríamos de la ciudad por emergencia familiar, dejamos mucha agua y comida a nuestras gatas, y partimos al amanecer a mi antiguo hogar.
En el camino, mamá me explica que ella estaba siendo cremada con prontitud como dejó estipulado en vida, y que su ceremonia y depósito tomarían lugar la noche del 3 de Febrero. No habría un velorio.
Llegamos a las 16 horas.
Nos reunimos con mis padres, y partimos juntos a la funeraria para recoger a las 20 horas su urna. Ahí estaban mis tíos, la mayoría de mis primos y hasta familia política. Ahí estaba, en una sencilla urna de madera con una placa del Sagrado Corazón que ella misma escogió; más pequeñita de lo que ya estaba, libre de sus medicamentos, su prótesis, las huellas del tiempo, de tristezas y pesares, reducida a polvo de huesos para hacerse una con el tiempo y su creador, pero sin el rostro sonriente que yo amé desde la primera vez que me acunó en sus brazos, o su dulce voz que me hacía volver a la niñez cada que me saludaba al visitar a su morada.
Acordamos partir a su casa a cumplir con el plan original de reunirnos a levantar su figura del Niño Dios en su ya silenciosa sala, y tal vez cenar ahí mismo como lo hacíamos cada año. Ludym y yo permanecimos en respetuoso silencio acompañando las dolorosas plegarias de nuestra familia creyente ante a la urna y el nacimiento montado. 
En lo que ordenaron la cena, comenzó un intercambio de anécdotas, al cual yo contribuí con unas fotos viejas que respaldamos de ella hace ya algún tiempo desde su niñez a su último cumpleaños al lado de mi abuelito Lauro. Sin embargo sentía que algo me faltaba, y eso era mi momento a solas con ella, como todas las veces que he viajado para saludarnos y despedirnos con miras a nuestro siguiente encuentro...entré a su habitación y me senté junto con mi esposa en su cama, y dejé que mi mente asimilara lo vacío que estaba su tálamo, lo pequeñas que eran sus pantuflas, la ominosa presencia de sus cruces y estampas religiosas, su cepillo con hebras de su cabello, su almohada con el olor de la cabeza que tantas veces besé, sus batas y suéteres característicos con los que andaba cómoda por la vida, los muebles y accesorios que la acompañaron por las distintas mudanzas que había tenido, y la tinita masajeadora de pies que le compré para su último cumpleaños...rompí a llorar en brazos de mi mujer como ella jamás en la vida me vió hacerlo.
Se había ido. No regresaría a besarme y abrazarme. No volvería a recibir su bendición para regresar con bien a casa. No podría presentarle a mi primogénito como deseaba hacerlo. No pasaríamos juntos una nueva Navidad. No podría tomar de nuevo sus manos entre las mías.
La persona que me cuidó casi a diario con amor y paciencia el año que me negué a volver al kinder por culpa de una maestra con problemas de control de ira; la persona que con un abrazo y un vivaz '¡Ay mijo, mijo, mijo!' me quitaba por un momento el miedo a crecer, la persona que se reía a vivas carcajadas con mis ocurrencias, preguntas, travesuras y hasta peleas con hermanos y primo; la persona que nos dejaba amontonarnos hasta cuatro niños con ella y mi abuelo en su cama por las noches; la persona que en juegos me dejaba cepillar su cabello y adornarlo con accesorios; la persona que bañándome me cantaba con cariño algo de Cri Cri; la persona con la que disfruté pequeñas aventuras viajando a la Sierra de Durango y las playas de Mazatlán por primera vez; la persona que con mucho orgullo me felicitaba cada logro académico; la persona que podía ver muy adentro en mi alma aún después de que de mi rostro desapareció el semblante de miedo y se quedó para siempre el ceño fruncido de la ira; la persona que sabía que debajo de la amargura había un niño que se sentía muy solo y temeroso.
Tardé media hora en componerme al tener el rostro hinchado y rojo, lavarme la cara en su baño y reintegrarme a la triste reunión fingiendo que no pasó nada.
Nos llevamos las cenizas para que mamá las guardara antes de que llegue la hora de entregarla a su último lugar de descanso. Le dí un tierno beso dándole las buenas noches, y nos fuimos a nuestro hotel a descansar y digerir lo que me estaba pasando.
Aún en este momento que escribo, se me siguen saliendo las lágrimas por más que trato de contenerlas, y está bien. Es parte del proceso que debo pasar al perder a mi otra figura materna que me acompañó 34 años de mi existencia. Sé que ella fué feliz a pesar de las crisis y pérdidas que vivió, que ella se sabía y sentía amada por todos nosotros hasta su último día, y que se fué en paz sabiendo que todos estábamos bien.



Pero aún sabiendo que ella vive en mí, no dejo de sentir que un pedazo de mi corazón ella se lo llevó.



Adiós, mi dulce Ángel. Gracias por todo tu amor.

martes, 10 de septiembre de 2019

Por cierto: las aplicaciones de Blogger para Android apestan. Son una mierda que me hace difícil la publicación, guardado, etiquetado y edición.

No puedo dormir, no tengo ninguna idea que me esté robando horas de sueño, las gatas no están jodiendo esta vez y Ludym a pesar de que se está moviendo mucho no me está molestando. Ya comí algo y hasta me afeité esos jodidos pelitos que me picaban en la mandíbula. Tengo alergia, no tengo calor, el silencio y el ruido me dan igual, no me apura desvelarme al estar todavía de vacaciones, no es opción jugar a algo, no me apetece ver porquerías y ya interactué lo necesario en Twitter.

Chingado, en momentos como estos quisiera volver a tener pesadillas para escribir sobre cosas más interesantes.

Qué regreso tan triunfal al blog.

miércoles, 21 de agosto de 2019

Mil años después...

Ayer me nació dejar un comentario en el blog del respetable Profesor Luis Azpe Pico en una entrada dedicada a sus tan célebres lecciones de etimología grecorromanas, y tras dos años de haber dejado mi último texto en esta vieja bitácora, releí el blog y recordé cuánto me llenaba dedicar unos minutos a una reflexión muy personal y extensa de algún evento en mi vida.

Claro: en Twitter mis ideas llegan más rápido al público, y en Facebook hoy día el intercambio de opiniones es más álgido...pero ninguna de las dos es íntima. Eso era lo que amaba de Blogger, pues era el equivalente de un diario o carta que por azares del destino llegaban a posar ojos distintos a los míos con mi consentimiento y de donde podía nacer una afinidad temática, estilística o directa a mi persona. Y gracias a ese mismo medio hice amigos muy queridos que me han visto crecer desde mis primeros años de universitario hasta mi nueva etapa como esposo y médico especialista.

Pero, ¿qué puedo compartirles en esta época donde en otros lares pueden dar hasta con una foto mía siendo acosado por mis gatas en paños menores a las 11 de la mañana?, ¿qué ideas puedo plasmar en la era de las batallas campales de twits y piolinazos?, ¿me quejaría todos los días de los largas que son las jornadas de consulta externa viendo pasar por mi escritorio señoras cuyas rodillas ya no las aguantan?

Esas fueron las interrogantes que me detuvieron, además de los inconvenientes de funcionalidad de mi tablet y laptop, mi creciente cronopenia que padezco como buen treintón que ya soy, y los cambios vertiginosos que ha tenido vida desde nuestro último intercambio.

Así que, ahí les va una breve reseña.

-En el verano de 2017 me fui de Torreón, Coahuila a hacer mi servicio social de la especialidad a un hermoso pueblo costeño de Tamaulipas por un semestre. Ahí experimenté por primera vez la responsabilidad de ser un médico a la cabeza de un equipo multidisciplinario, la eterna bronca de la falta de recursos, y tener que arreglármelas solo a mitad de la noche con equipo y espacio limitado con urgencias que me rechazan el traslado muy comodamente a kilómetros de distancia en un hospital de ciudad.

-Terminando el servicio, en la primavera del 2018 me mudé al Estado de Chihuahua con mi esposa, dejando a mis padres, hermanos, familia, al Negrito cara wey y amigos de toda la vida en Torreón. Desde entonces han sido contadas las veces que he podido regresar a casa, aprendí a amar una tierra ajena y a terminar mi transformación en adulto funcional al endeudarme por 20 años con una casa y tener qué dividir mi tiempo y quincenas en base a la puta necesidad.

-Desde la Navidad de 2018 nuestro auto 2004 ha sufrido múltiples descomposturas que junto con la inestabilidad laboral de mi mujer nos ha golpeado muy duro en nuestra economía. Aquí es donde inauguro una nueva sección del blog llamada 'Stratus from Hell'.

-Por fin hicimos nuestro sueño realidad, y somos los felices dueños de tres gatas: Calígula, Claudia y Cybel de 5 años, 1 año y 8 meses respectivamente. Tristemente perdimos a dos bebés rescatados a los que con mucho amor llamamos Rómulo y Remo, y descansan en paz en el patio de la casa que rentamos en nuestro primer año de mudanza.

-De momento, nuestro proyecto de convertirnos en padres biológicos está en pausa. Tentativamente lo retomaremos en 2020.

-En este momento estoy en una sala de espera afuera de un quirófano esperando noticias de mi suegro junto a Lucerita Asíntota (nada grave, no se preocupen). Tenemos muchísima hambre.

¿Y qué pasará ahora? Bueh, tal vez no puedo hacer mucho trabajo de edición desde el celular, pero a la mierda: NECESITO volver a escribir para nadie.
Así que ps me tienen de vuelta.
En cuanto tenga chansa quitaré mis adornos chairos del templete, rediseñaré el sitio y les compartiré mis otros espacios de escupidera.

Todavía hay mucho de qué hacer berrinche en esta vida jodida.

Saludos a todos.

martes, 7 de marzo de 2017

Otra Perspectiva




Recientemente, en una pedaleada camino a casa me detuve a contemplar una visión añeja: la primera vez que me dí cuenta de la existencia de esa torre de campanario fue a los 5 años, el primer día de clases en un nuevo Jardín de Niños, a un par de cuadras de distancia de la Iglesia. Mi primera impresión era que esa cruz se veía por mucho más enorme que el crucifijo que adornaba la habitación de mis padres, y el solo pensar en su largo y peso me parecía abrumador y un tanto desconcertante imaginar que de caerse esa cosa seguro iría a aplastar más de una propiedad con gente adentro.
Al percatarme que tenía en su interior escaleras, barandales y hasta una escalera metálica colgante me ponía todavía más nervioso, pues eso ya me sugería que alguien tenía la obligación de treparse a esas alturas para hacer sabe qué trabajo peligroso con el riesgo de caerse y morirse (para entonces fue reciente mi descubrimiento de que era acrofóbico).
Verla de lunes a viernes a la distancia hacía que tuviera sentimientos encontrados de respeto y temor, pues sumado a lo anterior, ese lugar era la casa de Dios según mis mayores, y por ende tal vez me veía desde esa cruz enorme y blanca muy atento a cada una de mis acciones, palabras y pensamientos (seh, lo empeoró el día que a las maestras se les ocurrió llevarnos el Miércoles de Ceniza a una misa conmemorativa y comenzaron las clases de tinte religioso en mi currícula).
La cereza del pastel fue que con cada amanecer y anochecer me hacía más conciente de que las campanadas que escuchaba a lo lejos desde mi casa provenían de ese lugar tan misterioso e imponente, y me preguntaba mucho en mis adentros por qué un sonido tan potente y escabroso tenía qué anunciar el principio y el fin de la noche al igual que en las películas de horror de mi papá también era una señal de mal augurio. Hasta que cumplí los 8 años no terminé de desechar el sentimiento de temor ante aquel sonido que para otros era una convocatoria de fe, esperanza y a veces aburrimiento.

Ahora de adulto puedo apreciarla estéticamente independientemente de mi agnosticismo, sin embargo creo que hasta el último de mis días me será imposible no asociar esa estructura con temores infantiles de un Dios Omnipresente.

viernes, 24 de febrero de 2017

David Bowie - Space Oddity

Ilustración de la autoría de Andrew Kolb




Ground Control to Major Tom

Ground Control to Major Tom
Take your protein pills and put your helmet on
Ground Control to Major Tom (Ten, Nine, Eight, Seven, Six)
Commencing countdown, engines on (Five, Four, Three)
Check ignition and may God's love be with you (Two, One, Liftoff)

This is Ground Control to Major Tom
You've really made the grade
And the papers want to know whose shirts you wear
Now it's time to leave the capsule if you dare
"This is Major Tom to Ground Control
I'm stepping through the door
And I'm floating in the most peculiar way
And the stars look very different today
For here am I sitting in a tin can
Far above the world
Planet Earth is blue
And there's nothing I can do

Though I'm past one hundred thousand miles
I'm feeling very still
And I think my spaceship knows which way to go
Tell my wife I love her very much, she knows
Ground Control to Major Tom
Your circuit's dead, there's something wrong
Can you hear me, Major Tom?
Can you hear me, Major Tom?
Can you hear me, Major Tom?
Can you hear And I'm floating around my tin can
Far above the Moon
Planet Earth is blue
And there's nothing I can do.




........................





La noche anterior, mientras salía a caminar para estirar las piernas y de paso cazar 'Pokemomos', estaba oyendo con mis audífonos nuevos un clásico de David Bowie que hasta el momento sólo conocía por referencias en la cultura popular. Me conmovió mucho la historia narrada, pues por un lado yo ya conozco esa necesidad de hacerle saber a mi Lucerita que la amo y pienso en ella cuando estoy por hacer algo con repercusiones a mediano y largo plazo, y por otro he experimentado al igual que ella la incertidumbre de las despedidas y llamadas a larga distancia cuando el deber nos llama y debemos hacer a un lado cualquier otra obligación. Es cierto que la canción no habla solamente del Mayor Tom y su esposa, pero al ponerme en el lugar del personaje es difícil no sentir miedo de alejarme de ella para siempre sin poder hacer nada al respecto en circunstancias que rebasan por mucho cualquier escenario imaginable. Curiosamente, a pesar de lo triste que es, no deja de parecerme romántica y hasta ambiciosa gracias al sax, la vocalización de Mr. Stardust y todas las aluciones a las misiones de exploración espacial de la Guerra Fría.
Irónicamente hace dos días, el 22 de Febrero de 2017 la NASA gritó a los cuatro vientos el descubrimiento del sistema TRAPPIST-1 con 7 planetas de características muy similares a la Tierra, todos con alta probabilidad de ser habitables, a 40 años luz de distancia.

Creo que esta canción llegó a mi vida en el momento más oportuno.

martes, 22 de noviembre de 2016

Cultivando colores en invierno

Lo sé, soy un mal amigo y me reservo demasiado en los últimos meses lo que ha sido de mí. Pero créanme, no se han perdido de la gran cosa en estos tiempos de tumulto político y frío creciente, pues los libros, los desvelos y largas esperas por cada maldita quincena han sido mis grandes constantes.
Pero aquí les tengo la historia detrás de esta foto, que podría ser el símbolo perfecto de las cosas buenas en mi vida que me mantienen a flote.

Ojalá pronto pueda darles más buenas noticias. Los extraño a todos.

jueves, 29 de septiembre de 2016

¿Y esta niña de dónde salió?

Hoy en la madrugada, mientras me estaba acomodando en mi cama y mantenía una larguísima conversación con mi esposa por teléfono, mucho antes de que el Google Calendar me lo anunciara, ella con una voz muy bajita llena de ternura me dijo de repente "Gracias".
Como es de costumbre tardé un poquito en captar, pero basado en el hecho de que lo hacía apenas dando la media noche, que estamos a finales de Septiembre, y lo especial que se escuchó ese agradecimiento, recordé que hoy hace 8 años llamó mi atención una bloguera en particular.

Webcomic Perro, Gato y Ardilla, de la autoría de Tormentas y Cavallazzi, muy de la época de mis días de universitario (si las tareas procrastinadas de madrugada hablaran...).

There she is, she's the giiiiiirl

En aquellos días me estaba animando a hacerme amigo de muchos blogueros afines a mi nicho y a mis webcomics predilectos, por lo cual no fue de extrañar que de repente esta niña que ya había comentado antes en Hitlercito de inmediato formara parte de mi lista de blogueros por contactar al darme cuenta que igual que yo era estudiante de medicina, y seguro teníamos muchas experiencias qué compartir como colegas.  Yo tenía una novia con la que la cosa iba seria (o eso creía), por lo cual esto era inocente y lleno de expectativas de genuina amistad.
Vaya que me llevé una sorpresa al percatarme que era una estudiante recién ingresada, por lo cual las conversaciones adquirieron un tono más interesante al darle mi punto de vista sobre la carrera con cinco años encima de examenes, decepciones, pequeños triunfos y mucha persistencia.
Poco a poco se fue ganando un lugar entre mis amigos de más confianza en la blogósfera, llegando a contarnos nuestros miedos, nuestras frustraciones y nuestras aspiraciones, dándonos ánimos mutuamente y reforzando que uno cree ciegamente en que el otro triunfará...y cuando menos lo pensé, cuando mi relación con mi entonces novia acabó, ella fue mi apoyo y mi principal confidente en ausencia de otros amigos (yo estaba en otra ciudad y comenzamos a mensajearnos con cierta frecuencia)...y cuando menos lo pensé, comencé a imaginarme mucho cómo serían las cosas si fueramos algo más que amigos.
Lo intentamos, tropezamos, nos distanciamos, nos reconectamos, maduramos y por otros cinco años fuimos mejores amigos, hasta que un incidente me hizo darme cuenta de lo triste que me pondría de perderla para siempre. Y desde ese día poco a poco a lo largo de tres años nos hemos ido convirtiendo en algo más grande que la suma simple de nosotros dos.


Claro que una vez casado el aniversario de bodas cobra mayor importancia sobre todos los demás, pero Ludy y yo apreciamos el hecho de que además de compañeros y amantes somos mejores amigos, y por ende vale la pena también recordar el origen de ese primer contacto crucial. Por eso, yo también le agradezco a esa Linda Chica Cursi que cruzó su camino con el mío de la forma menos esperada, y cambió mi vida para siempre.


Mi amor: mil gracias a tí por formar parte de mi vida. Te Amo.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Nuevo Proyecto

Ya que últimamente me ha dado por hablar mucho de mi vida amorosa por acá y que a Lucerita Asíntota y a mí nos gustó mucho ser creativos juntos, hemos decidido hacer un espacio aparte de nuestros blogs personales para también escribir en plan de pareja de autores.
Los invitamos cordialmente a también pasarle a ésta su casa, pero no teman: el blog de mi linda esposa y el mío permanecen activos, pero con menos melcocha de la que han estado leyendo en los últimos meses XD

¡Los sigo leyendo en ambos lados!

miércoles, 31 de agosto de 2016

Wedding Time 4 - ¡Que viva los novios!

Y sin más vueltas al asunto, mi linda esposa y yo les compartimos por este medio un cachito de lo que vivimos antes, durante y después de la boda hace ya un par de meses. Con esto damos por finalizada esta miniserie de videos, y anunciamos un proyecto próximo que echaremos andar en la blogósfera muy pronto :D

Espero disfruten el video.