miércoles, 28 de octubre de 2015

Huellas

Teniendo algo de tiempo disponible, presumo que aparte de un hermoso muñeco del Chapulín Colorado y un montón de besos frescos en la memoria, traje conmigo una cicatriz nueva:


La habilidad de Ludy con las manos es tanta, que le permití disecarme el dorso de la mano para extraerme un quiste sinovial de doce años que por buen rato estaba llamándole la atención. Admito que tenía un poco de miedo porque esta fue la primera cirugía a la que me he sometido, pero sabía que me encontraba en buenas manos y durante esos 40 minutos me quedé absorto viendo cómo controlaba el sangrado, manipulaba tejido y suturaba con mucho cuidado mi piel. El dolor era mínimo en el postoperatorio, suficiente para permitirnos horas después ir a una boda (nuestro primer evento formal al que vamos como novios).



Mis pensamientos están ahorita enfocados en la propuesta de matrimonio que viene para la próxima, pero hay algo que me llega al corazón al ver que dejó una marca indeleble en mi piel que me llevaré a la tumba.

1 comentario:

la MaLquEridA dijo...

Awww muy lindo recuerdo.


Abrazo