Aún cuando esta pesadilla ocurrió el sábado en la tarde y tuve muchos impedimentos para documentarla al instante, la temática de esta en particular hace imposible olvidar todos los detalles...
En esta ocasión ninguna persona que me acompañaba era conocida, quizás ni siquiera existieron alguna vez en la realidad...por circunstancias que aún no me quedan claras estaba dando un tour cultural de la ciudad a un grupo de jóvenes por los edificios históricos de la ciudad. Eventualmente, siendo todavía de mañana, entramos a un viejo teatro de la ciudad, y mientras compartíamos impresiones sobre la arquitectura, la decoración, los murales, la acústica y la historia que se podía oler en el ambiente, una chica del grupo poco a poco se fue alejando de nosotros.
Para cuando paramos y nos movíamos a otro sitio, nos dimos cuenta de su ausencia. Todos incluyendo el personal de intendencia y administrativo nos dividimos para buscarla, y yo rondando los palcos veo a través de un acceso una sombra rondando las cornizas del techo. Grito llamando a todos a subir mientras salgo al exterior.
Dando finalmente con ella, la observo con la mirada perdida, distante, sorda a todo llamado a la razón y la seguridad, con tránsito inmutable bajo sus pies y una altura lo suficientemente larga para garantizar que de caer ni un solo hueso quedaría íntegro. Sólo bastó un paso mío hacia su dirección para que ella tomara la decisión final, dejando una enorme marca de sangre en la loza de la fachada. Nunca sabríamos por qué ni desde cuándo lo contempló.
Entonces, desperté.
En esta ocasión ninguna persona que me acompañaba era conocida, quizás ni siquiera existieron alguna vez en la realidad...por circunstancias que aún no me quedan claras estaba dando un tour cultural de la ciudad a un grupo de jóvenes por los edificios históricos de la ciudad. Eventualmente, siendo todavía de mañana, entramos a un viejo teatro de la ciudad, y mientras compartíamos impresiones sobre la arquitectura, la decoración, los murales, la acústica y la historia que se podía oler en el ambiente, una chica del grupo poco a poco se fue alejando de nosotros.
Para cuando paramos y nos movíamos a otro sitio, nos dimos cuenta de su ausencia. Todos incluyendo el personal de intendencia y administrativo nos dividimos para buscarla, y yo rondando los palcos veo a través de un acceso una sombra rondando las cornizas del techo. Grito llamando a todos a subir mientras salgo al exterior.
Dando finalmente con ella, la observo con la mirada perdida, distante, sorda a todo llamado a la razón y la seguridad, con tránsito inmutable bajo sus pies y una altura lo suficientemente larga para garantizar que de caer ni un solo hueso quedaría íntegro. Sólo bastó un paso mío hacia su dirección para que ella tomara la decisión final, dejando una enorme marca de sangre en la loza de la fachada. Nunca sabríamos por qué ni desde cuándo lo contempló.
Entonces, desperté.

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