Desde entonces no he hecho más que indignarme, observar a diario cómo vamos de mal en peor y señalar a diario a los pendejazos que vendieron su voto por una miserable torta, enseres desechables con el nombre de esa alimaña, bolsas de cemento, tarjetas prepagadas, etc.
Pero lo cierto es que toda esa ira iba dirigida a mí mismo porque sabía que pude haberme sumado a la oposición de mi localidad por más pequeña que fuera, pude haber externado mi descontento en las calles y dado ese extra que sabía aún poseía. Tal vez insignificante, pero siento a veces que así me hubiera sentido distinto de aquellos mediocres que a lo lejos gritan "¡¡PÓNGANSE A TRABAJAR HUEVONES!!", o de los cabizbajos que se autojustifican con "Soy buen ciudadano, no tiro basura, pago mis impuestos, trabajo todos los días y vivo honradamente".
Al principio tuve mis dudas, cuestionándome si el movimiento Yo Soy Médico # 17 de verdad estaba justificado: a pesar de nuestro Juramento y de la naturaleza de nuestra labor, también es cierto que no siempre somos cuidadosos, llegamos a tener pleitos con los pacientes por estupideces, nos equivocamos y no lo aceptamos so pena de ser desacreditados, y de oídas dentro del gremio he sabido de elementos de renombre que cometen faltas serias a la ética con tal de llevarse billetes extra a la cartera. Somos imperfectos, corruptibles y estupidamente orgullosos. Tal vez nos estábamos dejando llevar por el coraje de que compañeros tuvieran qué pagar con su libertad sus errores y nos negabamos a ver la evidencia.
Fue entonces cuando me dí a la tarea de leer el caso, y tras encontrar contradicciones, declaraciones incoherentes, señalamientos que eran absurdos que fueran hechos por un médico, y el diagnóstico final, decidí por mí mismo que apoyaría la causa.
Y no solo se trataba de que se reabriera el caso y se hicieran las cosas con transparencia, sino de alzar la voz y señalar otros vicios que existen en nuestro medio. Los compadrazgos, las palancas, el desabasto de medicamentos, la saturación de los Centros de Salud, los calendarios ridiculamente espaciados de citas, la pobre cobertura de las derechohabiencias, las instalaciones en estado paupérrimo, las pagas ridículas, los horarios, la violencia entre compañeros, las malditas consultas de 30 pesos, los periódicos amarillistas, el uso indiscriminado del término 'neglicencia', la inseguridad de nuestros pasantes en el campo, los planes ineficaces de Salud Pública, nuestra patética bioestadística, nuestra desunión, nuestro pleito estúpido con la sociedad, las exigencias imposibles ante el prospecto de la muerte.
Durante los días que es estuvo gestando la marcha se fueron avivando las voces de los detractores. Algunos genuinamente afectados por nuestra incompetencia y otros que solamente eran los clásicos buscapleitos que necesitan con urgencia un culpable de todos los males de la sociedad y sus vidas vacías. Carniceros, asesinos, matasanos, ladrones, mercaderes de la salud. Leer todos los días esos calificativos no hacía mas que motivarme a seguir adelante y aguantarme las ganas de rebajarme al mismo nivel.
El Domingo que llegué al punto de reunión tuve el honor de conocer a la suegra de uno de los 16 implicados, un joven pediatra que solo tuvo al paciente bajo su cargo una noche durante su residencia, y su firma en el expediente fue la única evidencia que necesitó el padre dolido para exigir su cabeza. Sumado a eso que también me contó las vergüenzas que tuvo qué atravesar el hombre al ser más de una vez interrumpido durante su trabajo por policías, la revelación de que el acusador tiene aspiraciones políticas, antecedentes negros de pleitos legales y y el apoyo nada discreto del obispado jalisciense, terminé de convencerme de hacer mía la lucha por completo y sumarme con convicción a las filas de médicos solidarios.
Marchamos entre 450 y 500 compañeros por cerca de dos horas ocupando un solo carril de la calle, y por alguna razón ni un solo opositor se manifestó en nuestro camino contrario a lo que estuve leyendo toda la semana previa.
Fué muy emotivo ver cómo más colegas se nos iban sumando en el trayecto e incluso obtener el apoyo de personas ajenas al sector salud desde antiguos pacientes a trabajadores de otros sectores identificados con la urgencia de dignificar su trabajo.
Llegando al hospital señalado leímos el manifiesto del movimiento, entonamos todos juntos el himno nacional, y rompimos filas para continuar con nuestros deberes familiares (porque ninguno de los presentes teníamos trabajo ese día, los servicios de salud eran atendidos por los camaradas que les correspondía ese día, contando con su apoyo moral en todo momento).
Hoy ni un solo insulto a nosotros médicos me duele, pues ayer me quedó claro que existe una enorme diferencia entre hacer corajes silenciosos en un texto que se perderá entre millones en la red, y salir a la calle a dar la cara por aquello en lo que crees. Gracias al esfuerzo combinado de todos se logró la reacción del IMSS, de la Comisión de Arbitraje Médico, y hasta de la Cámara de Senadores, lo cual abre las puertas a cambios que favorecerán tanto a médicos como a pacientes, así como también a un trato más adecuado a nuestros compañeros tengan o no algún grado de culpabilidad en el caso disputado.
Si pudimos lograr algo saliendo a las calles, tal vez esto signifique que aún tenemos esperanza de retomar el control como Ciudadanos de nuestra tan lastimada Nación...
2 comentarios:
En ese conflicto en particular, me abstengo de opinar, y de tomar lados. Deseo se resuelva de forma justa y pacífica para todos.
Hay de todo, en mi caso tengo compañeros muy valiosos y que hacen lo mejor pero son opacados por la estupidez de algún idiota. Cuando sirves a la gente, uno de las lineamientos es pensar si te gustaría que así trataran a alguien de tu familia.
Bien por ti y tus compañeros.
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