Hagamos de lado el giro inesperado de la trama, la infame escena de la ducha, las mágicas expresiones de Anthony Perkins, el genio de Hitchcock o la gran tesis que podemos encontrar en la historia sobre el Complejo de Edipo y trastornos psiquiátricos.
Lo que me encanta de la historia es que gira en torno a hechos ilógicos que a nadie en su sano juicio se le vendrían en mente. Todos los personajes piensan en traición, robo de dinero, escapadas sin retorno y móbiles simples de crimen, todos a excepción de nosotros los espectadores que medio tenemos una noción de lo que está pasando en realidad con Norman Bates; al principio nos indignamos de que los personajes secundarios (que eso son) sean ciegos ante las evidencias que tienen frente a sus narices, pero después de terminada la película lo repasas todo y terminas por darles la razón de por qué se dejan llevar por su sentido común.
Por un instante nosotros también enloquecemos un poco, y somos cómplices del crimen. Y muy en el fondo esperamos que Madre los silencie a todos y el secreto se quede a salvo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario