domingo, 13 de abril de 2014

El viejo de la tarde

Y de nuevo me disculparán que vuelva a escupir un poquito más de negatividad a este mi humilde blog, pero la verdad es que todo el día algo me ha recordado a mi dolor de cabeza de esta semana.

Verán: de las tripulaciones de trabajadores que tengo qué revisar diario antes de que inicien su turno, hay una en particular (aparte de los iletrados sindicalistas en los que me cago en su puta madre) que por sus huevos han hecho de todo para evadir que los revise. El colmo es que es de los que de a diario nos tenemos qué ver las caras y de remate tienen un miembro hipertenso al que con más razón debo vigilar; son jóvenes, empiezan a trabajar pasadas las tres de la pinche tarde y nadie hasta ahora me ha salido positivo en el antidoping, por lo cual desde mi punto de vista no hay razón aparente para que se escondan de mí, y sin embargo el mes pasado los muy sinvergüenzas omitían pasar al consultorio muy a pesar de que es más claro que el agua que sus jefes les exigen hacerlo (si tuvieran testes) y posterior a que les han llamado la atención se inventan mil y una excusas para justificar no haber pasado conmigo, incluida la mentira desvergonzada de que sí los valoré y dí el visto bueno.

No soy para nada ignorante de que yo no le agrado a cierto tipo de gente: mi ceño perpetuamente fruncido no inspira confianza, mi vocabulario marea y mi meticulosidad desespera. Se me señala siempre de engreído, impaciente y poco amigable cuando soy serio, protocolario y muy seco...hasta que me dan razones para ser engreído, impaciente y poco amigable. Incluso sé que ya tengo reputación de maldito por haber relevado a 4 sujetos en mi primer día de trabajo por haberles encontrado Tensiones Arteriales y Glucosas inadmisibles por la Norma Oficial Mexicana y el reglamento de la S.C.T., de lento por revisar con más detenimiento casos con evidencia de enfermedad (que típico, los muy machos ni sienten ni se la tratan hasta que ahora sí los hace chillar como niñas), y de ser distinto a "las doctoras" porque en vista de que yo no soy vato compa ni mujer que les recuerde a su mamá o morrita eso me hace la peor opción.

Quizás eso hace que extrañe un poco mi viejo trabajo donde de perdi me daban las gracias, y rara vez alguien me hacía enojar, pero la mera verdad cuando me señalan de ser el malo del cuento, disfruto seguirles la corriente y asumir el rol de malo. Mi contrato me manda señalar como No Apto para laborar a todo aquel que arroje señales claras de riesgo laboral, y cuando hay números que claramente me respaldan lo haré valer le guste o no al implicado. Me vale madres que digan que la empresa que les da dinero, seguridad social y un trabajo digno sea inhumana y explotadora nomás porque haga valer la ley y se evite líos monetarios previniendo accidentes al mismo tiempo que evita que sus hijos se queden huérfanos o tengan un bulto en la familia, me vale madres los apodos, las faltas de respeto y las amenazas de que su sindicato compuesto por ex cholillos de colonia popular no se quedará de brazos cruzados, o que me odien porque gracias a la presencia de TODO el equipo médico ya no tienen el valor de llegar ebrios o con botellas escondidas al trabajo.

Soy el malo, soy el peor de todos, soy un hijo de la chingada que no sabe lo que es ser pobre o trabajar por necesidad porque tener un padre de orígenes humildes y haberme desvivido estudiando el cuerpo humano y enfermedades que azotaron países enteros por siglos me hacen ignorante e insensible. No me moveré de ahí ni me intimidaré ante los berrinches de plebeyos que jamás en la vida sabrán lo que es vivir con mis comodidades, mis lujos y mi título ganado a pulso.


Hasta que el contrato se venza, me seguiré presentando y cumpliré con mi deber.

1 comentario:

la MaLquEridA dijo...

Los "malos" son los que la gente recuerda así que no te importe, algún día agradecerán lo que hiciste por ellos.


Cuidate