Por un lado en la familia paterna ya somos demasiados integrantes (39) en una sola casa pequeña; no podemos movernos libremente, tenemos prisa por cenar para poder desocupar la mesa, los temas de conversación se vuelven generalizados al verse forzada la convivencia de un grupo grande, y es inevitable quedarte con las ganas de convivir a nivel más personal con la familia que rara vez tengo oportunidad de ver en todo el año.
Mientras, en la casa materna las agendas muy apenas pudieron compaginarse, junto con el hecho de que mi abuela cada vez tiene menor tolerancia a los desvelos y mis primos preadolescentes son más insoportablemente ruidosos.
Pero en fin, si algo se puede rescatar de la velada es que como siempre disfruté de mis lindas viejitas chaparritas, y que sorprendí a mamá contradiciendo sus declaraciones de que aún no quiere ser abuela al verla con las hijas de mis primas muy embebida.
1 comentario:
Cada quien tiene sus pedos con las navidades y la familia... yo por eso fui a gorrear la navidad a otra ciudad y con otra familia.
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