lunes, 8 de julio de 2013

Quello piojito

En las últimas semanas he notado que El Negrito ya está captando quién de nosotros es el que mejor sabe darle piojito; y no es por nada, pero desde mi Chucho (que en paz descanse) yo sé muy bien qué zonas son las que dejan a un perro tendido boca arriba en el suelo y cómo hacer que cambie de poses para terminar de rascarle sus zonas de comezón o ñáñaras. El caso es que el canijo ya es tan aficionado a mis cariñitos en su cabeza, cuello, orejas, lomo, pecho y patas traseras (el rascado de muslo por fuera hace que estire curiosamente las patas), que cada que llego a casa no se conforma con moverme la cola: se alza en dos patas y me coloca las delanteras en mi cintura restregando su carita contra mí, casi como un niño abrazando a su mamá al regresar del kinder, pidiéndome su dosis diaria y llenándome el pantalón de huellitas en el proceso.
Me es curioso mirar atrás y recordar que al principio no veía con buenos ojos su constante mendigar en la casa, pero al final esos ojitos tristes, su compañía constante y esa lealtad tan conmovedora me conquistaron.

Quizás es porque al final todos necesitamos un amigo sincero.

No hay comentarios: