martes, 14 de mayo de 2013

Tengo un estómago muy nena

Imagen de la autoría de Mark Collins



Es curioso cómo a pesar del paso de los años no te das cuenta de los pequeños detalles que señalan que tu cuerpo cambia constantemente, pero que cuando por fin algo trunca un hábito tuyo de repente ese incidente se vuelve un detonante para ataques de "¡carajo, carajo, carajo, me estoy haciendo viej@!".
En este caso ya hace dos semanas que tuve un episodio mayor de intolerancia grasa, al cual fuí haciendo tamizaje de elementos en mi dieta hasta finalmente dar con el carajo responsable.
Si a esto sumo que mi estómago ya no tiene la misma capacidad de contener grandes volúmenes de carne roja (maldita dieta, ya me desacostumbró...aunque para bien), y ni se diga de mi poco aguante para más de una taza al día de café, hay señales de que sin duda este año seguiré bajando de peso a expensas de que de ahora en adelante tendré más cuidado con lo que consumo a diario.


Creo que me siento en paz ante este hecho inexorable, a no ser por la hiperactividad de mi tracto gastrointestinal.

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