
Hoy, cubriendo a un compañero en una farmacia, dos pacientes groseros me recordaron que no a todo mundo se les podrá complacer y que nunca en la vida faltarán esos entes detestables que creen que el pinche mundo gira alrededor de ellos. Lo que se me hizo imperdonable fue que una amenazara con reportarme porque dí prioridad a una anciana con sangrado nasal de varias horas de duración por encima de su niño con resfriado (a quien por cierto traté amablemente, le hice partícipe de la consulta y le regalé su dulce), y otra porque le pedí que se saliera del consultorio al andar insultando frente a mí a su propia hija diciendo que ella era incapaz de decirme qué tenía de malo su nieto.
Ni siquiera la gente de los barrios más peligrosos de la ciudad a quien atiendo gratis (tomando en cuenta que aquí las farmacias cobran $30 la consulta) me falta el respeto (mucho menos porque yo haga lo justo).
Esta noche me voy a la cama muy decepcionado. Pero espero el lunes pueda volver a mi rutina normal de atender a mis pacientes desvalidos.
1 comentario:
oooh! no te sientas mal! por cada paciente antipatico hay 5 bonitos!
creeme lo se de buena fuente! A mi me sucede todos los dias.
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