jueves, 15 de noviembre de 2012

Buenos deseos



Hace ya casi 9 años que me declaré agnóstico ante un cuestionamiento estúpido que hubo de parte de mi padre hacia mi persona, mi escala de valores y su enorme preocupación de que para mí mi propia familia o mi persona sean más sagrados que el culto a un dios. Con los años superé también esa etapa inmadura en la que me jactaba de mi postura, y hasta recientes fechas aprendí a conciliar mis visiones con las de creyentes y no creyentes aceptando que a pesar de mis ideas, nada cambiaría que fuí criado dentro de un credo que indudablemente sentó las bases de lo que soy en la actualidad.

Esta maraña de relato se debe a que hoy en una de mis consultas para una beneficencia de fundamentos católicos, llegué al domicilio justo enmedio de un rosario. Entre misterios y rondas de Aves Marías pasaban señores y señoras conmigo a platicarme todas y cada una de sus dolencias, malentendidos con los colegas de las instituciones de salud, efectos secundarios de medicamentos y hasta anécdotas de sus vidas; hasta que finalmente terminaban de desahogarse (o hasta que yo sentía que ya estuvo bueno) les daba mis impresiones diagnósticas o los revisaba más a fondo dependiendo del caso, para después expedirles su receta, dar instrucciones a seguir hasta el día de nuestra siguiente cita, y desearles una mejora de la manera más sincera posible...siempre dándole a cada paciente su lugar y diciéndole hasta pronto con una sonrisa.
Hasta que unas tres señoras me llamaron accidentalmente "Padre" caí en la cuenta de que lo que describí que hacía no distaba mucho de un protocolo de confesión, aún más con un grupo de oración en la habitación contigua como sonido de fondo.

Al acabar la tanda de consultas el sol ya se había puesto y todos los asistentes del rosario se habían retirado. Las voluntarias muy amablemente me regalaron igual que los demás asistentes un rosario de cuentas de madera y acetato, y más que por compromiso, lo acepté sabiendo que en ese objeto había gratitud, bendiciones a mi persona, deseos de buena salud y de protección contra todo tipo de mal.

Así decidí mantenerlo guardado en uno de los bolsillos de mi equipo como una forma de manifestar la correspondencia a esos buenos deseos, sabiendo que lejos de representar una amenaza a mi visión sobre la vida, la divinidad o el origen del bien y el mal, es en realidad un símbolo con el que crecí y con el que mi madre, mi padre y mis abuelos siempre me despedían de casa deseando que regresara con bien a ellos.

1 comentario:

Gary Rivera dijo...

Me siento muy identificado con lo que dices, no es mi deseo cambiar a la gente alrededor mío ni contagiar mis dudas pero tengo que despejarlas. Gente que me quiere reza por mí y yo lo agradezco, no estoy seguro si sirve de algo, pero realmente lo agradezco!, Que buena entrada! Me ha dejado pensado!