Por medio de mi nuevo empleo he tenido oportunidad de conocer nuevas formas de ver la vida, de utilidades en mi labor y gente con modos distintos de ver la vida.
Hoy tuve una experiencia muy interesante en la que en una junta con 30 personas que no conocía hasta abora, una dama muy amable nos puso a hacer ejercicios; no de los que uno normalmente rehuye, sino uno enfocado a un objetivo más difícil que tonificar el cuerpo: reír sin la necesidad de un estímulo externo por más de media hora continua.
Antes de contarles el resto de la experiencia, debo aclarar que esto no es una falacia ni tampoco una improvisación hecha por la señora. Laughter Yoga es un movimiento internacional con más de 17 años de actividad que se ha ido expandiendo día a día, cuyo fin primario es generar una mejor calidad de vida para quien lo practique desde civiles hasta estudiantes, presos, ancianos recluídos, pacientes terminales o casos demostrados de depresión mayor. No promete una cura para las enfermedades, pero aparte de favorecer una mejor entrada de oxígeno al cuerpo mediante ejercicios de respiración previos a una risa autoinducida y ruidosa (la cual tambien implica actividad muscular), ayuda a desinhibir al participante al favorecer una regresión infantil hasta finalmente generar una risa auténtica, lo cual combinado con un ejercicio final de meditación aligera la carga emocional y física.
Si hubiera sido el mismo hombre de hace años, me habría salido de ese cuarto al instante tildando de ridícula la sola idea. Afortunadamente el tiempo hizo su trabajo conmigo, y dado que estoy más que conciente que tengo serios problemas al no reír genuinamente más de dos veces al año (no exagero), la idea de volver a hacerlo me resultaba sumamente atractiva.
Fué de esa forma que entre mis compañeros de trabajo, licenciados, directivos, monjas, señoras de la edad de mi abuelita y un par de médicos me la pasé haciendo ejercicios de inhalación, exhalación, mantras positivos, aplausos, caminata sin rumbo o patrón por toda el aula y risas forzadas que eventualmente se hacían genuinas gracias a las instrucciones de la entrenadora, quien nos aconsejaba mantener en todo momento contacto visual con los demás y no escatimar en hacer muecas y usar mímica juguetona.
El ejercicio rindió sus frutos y en un par de ocasiones pude reír de manera natural, aunque muy discreta a diferencia de mis risotadas de Pato Lucas fingidas para entrar en ambiente y de paso invitar a los demás a que no se limitaran y bobearan a gusto. Me dió tan buena impresión que le pedí su tarjeta, correo y horarios de sesiones para invitar a pacientes y amigos por igual, esperando que rodeado de más conocidos pueda llevarlo a cabo con mayor facilidad y por fin pueda reír como a mi me gusta hacerlo.
Mi nuevo trabajo está estrechamente relacionado con la caridad y el altruismo, por lo cual siento que debo dar un esfuerzo extra por llevar conmigo pura energía positiva donde se soliciten mis servicios. Debo seguir creciendo y limar las asperezas de mi persona para hacer un trabajo de calidad, y carajo, no me quedaré con las ganas de entrarle de lleno a esto.
Vamos a seguir riendo, sonriendo y sobre todo armarnos de valor para salirnos de esa zona de confort.
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