Creo que existen pocos seres humanos hoy día que son genuinamente altruistas, que al final todos prestamos nuestra ayuda al buscar algún beneficio (incluida una conciencia tranquila), y que somos invariablemente selectivos a la hora de decidir quién es merecedor de nuestra gracia y quién no. En mi caso mi talón de Aquiles aparte de los niños, es cualquier persona que se encuentre en cualquier dificultad con la cual me identifico por experiencia propia, muy en especial alguna en la que yo no haya respondido adecuadamente, o que incluso haya fallado en superarla en mi momento; ya sea paciente, compañero de trabajo, cualquier extraño en la calle o amigo, a mí me llena de una satisfacción peculiar señalar mis errores del pasado con la esperanza de que si el consejo es bien recibido, el implicado encuentre un camino menos tortuoso y más lleno de éxitos que el mío propio, todo con la ganancia última de sentir que mi existencia y cagadas tienen una razón de ser aparte de mi propia pendejez.
No tengo ninguna pretención de convertirme en una alma caritativa o de jurarles por escrito que de hoy en adelante ayudaré sin mirar a quién para ser una persona perfecta y simétrica espiritualmente hablando, esto solo se los comparto por hechos muy curiosos que me han puesto a reflexionar sobre mis motivos personales para brindar apoyo a los demás.
Lo que sí, es que trato todos los días de hacerlo solo un poquito mejor. Con eso me conformo.
2 comentarios:
No te conformes, puedes hacerlo mejor, igual siempre hay alguien que necesita ayuda.
A mi me sucede igual, cuando llegan a mi trabajo las personas que llegan con cólicos me dan mas pena que las demás , jejejej todo porque yo conozco el dolor de un colico renal, y son justamente a esas personas a las que ayudo mas en mi chamba!!
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