miércoles, 30 de mayo de 2012

Ayer mi jefa quedó convaleciente tras un mes entero resistiéndose a un cuadro infeccioso, y paradojicamente papá también terminó noqueado por un problema cuya atención aparte de postergar ha descuidado bastante a lo largo de los años. Al ocurrir ambos incidentes, ellos tuvieron qué darse cuenta de cómo contrario a lo que ellos creían el mundo sigue girando con o sin ellos, y que la gente a su alrededor inevitablemente puede compensar de alguna forma su ausencia.

No es signo de debilidad caer y tomarse un poco de tiempo en recuperar el ritmo, menos cuando el recorrido ha sido largo.

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